Lecturas – Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A (2017)

Primera Lectura

Lectura del libro de los Proverbios (31, 10-13. 19-20. 30-31)
Dichoso el hombre que encuentra una mujer hacendosa: muy superior a las perlas es suvalor.
Su marido confía en ella y, con su ayuda, él se enriquecerá; todos los días de su vida le procurará bienes y no males.
Adquiere lana y lino y los trabaja con sus hábiles manos.
Sabe manejar la rueca y con sus dedos mueve el huso; abre sus manos al pobre y las tiende al desvalido.
Son engañosos los encantos y vana la hermosura; merece alabanza la mujer que teme al Señor.
Es digna de gozar del fruto de sus trabajos y de ser alabada por todos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 127

Dichoso el que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos:
comerá del fruto de su trabajo,
será dichoso, le irá bien.


Dichoso el que teme al Señor.

Su mujer como vid fecunda,
en medio de su casa; sus hijos,
como renuevos de olivo,
alrededor de su mesa.


Dichoso el que teme al Señor.

Esta es la bendición del hombre que teme al Señor:
“Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén,
todos los días de tu vida”.


Dichoso el que teme al Señor.

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (5, 1-6)
Hermanos: Por lo que se refiere al tiempo y a las circunstancias de la venida del Señor, no necesitan que les escribamos nada, puesto que ustedes saben perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando la gente esté diciendo: “¡Qué paz y qué seguridad tenemos!”, de repente vendrá sobre ellos la catástrofe, como de repente le vienen a la mujer encinta los dolores del parto, y no podrán escapar.
Pero a ustedes, hermanos, ese día no los tomará por sorpresa, como un ladrón, porque ustedes no viven en tinieblas, sino que son hijos de la luz y del día, no de la noche y las tinieblas.
Por tanto, no vivamos dormidos, como los malos; antes bien, mantengámonos despiertos y vivamos sobriamente.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Permanezcan en mí y yo en ustedes, dice el Señor; el que permanece en mí da fruto abundante.
Aleluya.

Evangelio †

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (25, 14-30)

Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.
Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: ‘Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo’.
El señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene.
Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación’ ”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Trigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A (2017)

Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (6, 12-16)
Radiante e incorruptible es la sabiduría; con facilidad la contemplan quienes la aman y ella se deja encontrar por quienes la buscan y se anticipa a darse a conocer a los que la desean.
El que madruga por ella no se fatigará, porque la hallará sentada a su puerta. Darle la primacía en los pensamientos es prudencia consumada; quien por ella se desvela pronto se verá libre de preocupaciones.
A los que son dignos de ella, ella misma sale a buscarlos por los caminos; se les aparece benévola y colabora con ellos en todos sus proyectos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 62

Señor, mi alma tiene sed de ti.

Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco;
de ti sedienta está mi alma.
Señor, todo mi ser te añora
como el suelo reseco añora el agua.


Señor, mi alma tiene sed de ti.

Para admirar tu gloria y tu poder,
con este afán te busco en tu santuario.
Pues mejor es tu amor que la existencia;
siempre, Señor, te alabarán mis labios.


Señor, mi alma tiene sed de ti.

Podré así bendecirte mientras viva
y levantar en oración mis manos.
De lo mejor se saciará mi alma;
te alabaré con jubilosos labios.


Señor, mi alma tiene sed de ti.

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (4, 13-18)
Hermanos: No queremos que ignoren lo que pasa con los difuntos, para que no vivan tristes, como los que no tienen esperanza. Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos creer que, a los que mueren en Jesús, Dios los llevará con él.
Lo que les decimos, como palabra del Señor, es esto: que nosotros, los que quedemos vivos para cuando venga el Señor, no tendremos ninguna ventaja sobre los que ya murieron.
Cuando Dios mande que suenen las trompetas, se oirá la voz de un arcángel y el Señor mismo bajará del cielo. Entonces, los que murieron en Cristo resucitarán primero; después nosotros, los que quedemos vivos, seremos arrebatados, juntamente con ellos entre nubes por el aire, para ir al encuentro del Señor, y así estaremos siempre con él.
Consuélense, pues, unos a otros con estas palabras.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Estén preparados, porque no saben a qué hora va a venir el Hijo del hombre.
Aleluya.

Evangelio †

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (25, 1-13)

Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!’ Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando’. Las previsoras les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’.
Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’. Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco’.
Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Trigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A (2017)

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Malaquías (1, 14—2, 2. 8-10)
“Yo soy el rey soberano, dice el Señor de los ejércitos; mi nombre es temible entre las naciones. Ahora les voy a dar a ustedes, sacerdotes, estas advertencias: Si no me escuchan y si no se proponen de corazón dar gloria a mi nombre, yo mandaré contra ustedes la maldición”.
Esto dice el Señor de los ejércitos:
“Ustedes se han apartado del camino, han hecho tropezar a muchos en la ley; han anulado la alianza que hice con la tribu sacerdotal de Leví. Por eso yo los hago despreciables y viles ante todo el pueblo, pues no han seguido mi camino y han aplicado la ley con parcialidad”.
¿Acaso no tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos traicionamos entre hermanos, profanando así la alianza de nuestros padres?

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 130

Señor, consérvame en tu paz.

Señor, mi corazón no es ambicioso
ni mis ojos soberbios;
grandezas que superen mis alcances no pretendo.


Señor, consérvame en tu paz.

Estoy, Señor, por lo contrario,
tranquilo y en silencio,
como niño recién amamantado en los brazos maternos.


Señor, consérvame en tu paz.

Que igual en el Señor esperen
los hijos de Israel,
ahora y siempre.


Señor, consérvame en tu paz.

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (2, 7-9. 13)
Hermanos: Cuando estuvimos entre ustedes, los tratamos con la misma ternura con la que una madre estrecha en su regazo a sus pequeños. Tan grande es nuestro afecto por ustedes, que hubiéramos querido entregarles, no solamente el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida, porque han llegado a sernos sumamente queridos.
Sin duda, hermanos, ustedes se acuerdan de nuestros esfuerzos y fatigas, pues, trabajando de día y de noche, a fin de no ser una carga para nadie, les hemos predicado el Evangelio de Dios.
Ahora damos gracias a Dios continuamente, porque al recibir ustedes la palabra que les hemos predicado, la aceptaron, no como palabra humana, sino como lo que realmente es: palabra de Dios, que sigue actuando en ustedes, los creyentes.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Su Maestro es uno solo, Cristo, y su Padre es uno solo, el del cielo, dice el Señor
Aleluya.

Evangelio †

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (23, 1-12)

Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente.
Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.
Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

MONICIONES XXX DOMINGO ORDINARIO CICLO A – 2017

MONICIONES DE ENTRADA
Queridos hermanos, muy buenas (tardes, noches, días):
[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Bienvenidos a nuestra celebración del Trigésimo  Domingo del Tiempo Ordinario. La ley y los profetas es resumida hoy en el amor a Dios y al prójimo. Ese mismo amor nos une en torno al altar de Jesús para esta gran celebración. Hoy, vamos a escuchar los gemidos de los hermanos y les vamos a abrir el corazón.

Por favor pongamos de pie y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
Del Libro del Éxodo escucharemos hoy unas normas, referentes a la justicia social, o sea, a nuestros deberes para con el prójimo: cómo tratar a los inmigrantes y forasteros, a los pobres y débiles.  El mal que haces a los más humildes llega hasta mí y me ofende y me subleva. Deja de hacerlo.

MONICION SEGUNDA LECTURA
Pablo les recuerda a los cristianos de Tesalónica los inicios de su evangelización, cuando, entre dificultades, acogieron la Palabra, y se convirtieron en modelo para otras comunidades. Pablo se siente orgulloso de su misión y de su comunidad.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante: Pidamos a Dios que nos enseñe a amar y presentémosle las intenciones de todos los hombres diciendo: Escucha Señor Nuestra Oración.

Por la Iglesia y sus líderes para que obedezcan a Dios y sirvan con amor a su pueblo. Roguemos al Señor.
Escucha Señor Nuestra Oración.

Por nuestros lideres politicos en Australia, para que nuestro Señor les conceda sabiduria para comprender la importancia del matrimonio y que su labor es la de proteger el plan de Dios para el matrimonio y la vida familiar. Roguemos al Señor.
Escucha Señor Nuestra Oración.

Por nuestra comunidad para que se dé en ella el signo cristiano del amor. Roguemos al Señor.
Escucha Señor Nuestra Oración.

Para que todos los niños y jóvenes puedan crecer en familias cristianas y unidas. Roguemos al Señor.
Escucha Señor Nuestra Oración.

Para que el amor al prójimo se haga realidad con la ayuda que podamos brindar a los más necesitados. Roguemos al Señor.
Escucha Señor Nuestra Oración.

Para que al comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo nos comprometamos a vivir en el amor.
Escucha Señor Nuestra Oración.

Celebrante: Escucha, Señor, la oración de tu Iglesia, ayúdanos a vivir el mandamiento del amor y danos fortaleza para no claudicar nunca de Ti. Por Jesucristo nuestro Señor.]
Amén.

 

MONICIONES XIX DOMINGO ORDINARIO CICLO A – 2017

MONICIONES DE ENTRADA
Queridos hermanos, muy buenas (tardes, noches, días):
[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Queridos hermanos, bienvenidos a la casa de Dios. Celebremos juntos esta santa Misa, en el XXIX domingo del tiempo ordinario. La liturgia de este día nos da la ocasión para que nosotros reflexionemos sobre la siempre difícil conjugación de lo temporal y lo espiritual, del César y de Dios.

Por favor pongamos de pie y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
El rey pagano Ciro es visto por el profeta Isaías como un instrumento de Dios a favor del pueblo de Israel, hasta el punto de llamarlo “el Ungido”. El profeta remarca que Dios salva a Israel por medio de un rey extranjero.

MONICION SEGUNDA LECTURA
En la primera carta a los Tesalonicenses. El Apóstol Pablo le escribe a una de las comunidades que él había fundado. Pablo los anima en la labor de hacer progresar el Evangelio, tarea que también nos atañe hoy a nosotros.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante: Oremos por la Iglesia y por los que anuncian el Evangelio en todo el mundo.: “Escúchanos, Padre”

Por la Iglesia perseguida en el mundo, para que la fuerza del Espíritu Santo le mantenga firme y sea testigo de Cristo ante el mundo. Roguemos al Señor.
“Escúchanos, Padre”.

Por los gobernantes de todas las naciones; para que reconozcan y respeten la misión de la Iglesia de anunciar el Evangelio. Roguemos al Señor.
“Escúchanos, Padre”.

Por los que aún no han oído hablar de Jesús. Roguemos al Señor.
“Escúchanos, Padre”.

Por los cristianos que tienen miedo de dar testimonio de su fe en sus ambientes. Roguemos al Señor.
“Escúchanos, Padre”

Por los misioneros que anuncian la buena noticia de la salvación. Roguemos al Señor.
“Escúchanos, Padre

Por todos nosotros, para que cumplamos siempre nuestros deberes con Dios y nuestros compromisos con el Estado.
“Escúchanos, Padre”

Celebrante: Te damos gracias, Padre, porque siempre nos escuchas, y te pedimos que tu mensaje de amor y salvación universal llegue hasta los confines de la tierra.. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

 

 

MONICIONES XXVIII DOMINGO ORDINARIO CICLO A – 2017

MONICIONES DE ENTRADA
Queridos hermanos, muy buenas (tardes , noches, días):
[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Bienvenidos al XXVIII Domingo del tiempo Ordinario. Bienvenidos al banquete del Señor. Cada domingo es fiesta, es el día de las bodas del Señor con su pueblo, con cada uno de sus hijos. Hoy, nos hemos reunido los invitados por el Señor a celebrar nuestra boda con el Dios amor.  Hagamos fiesta y preparémonos para dar un “sí” al Señor y un “sí” a los hermanos..

Por favor pongamos de pie y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
Con la imagen de un banquete, al que todos los pueblos serán invitados. Para Isaías, este festín es una celebración de victoria y de consuelo en la que se enjugarán las lágrimas de todos los rostros.

MONICION SEGUNDA LECTURA
San Pablo expresa su confianza en Dios. Pablo, entrenado para hacer frente a todas las situaciones de la vida, nos confiesa con sencillez que “todo lo puede en Aquel que lo conforta”.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante: Sabiendo que la bondad y la misericordia del Señor nos acompañan todos los días de nuestra vida, digámosle con fe: Queremos habitar en tu casa, Señor

Por el Papa Francisco, para que refleje siempre esa imagen del pastor que acompaña al pueblo en su camino hacia el banquete del Reino Celestial. Roguemos al Señor.
Queremos habitar en tu casa, Señor.

Por la Iglesia, enviada por Cristo a invitar a todos a entrar en la sala del banquete; para que sepa hacer atrayente su llamada. Roguemos al Señor.
Queremos habitar en tu casa, Señor.

Por los que rechazan la invitación a participar en el banquete del reino de Dios; para que descubran en Él el gozo de la salvación. Roguemos al Señor.
Queremos habitar en tu casa, Señor.

Por los jóvenes de nuestras comunidades para que ellos sientan el llamado del señor y los rete a guiar este mundo de humano a divino. Roguemos al Señor.
Queremos habitar en tu casa, Señor.

Por los misioneros par que sean dirigidos por el Espíritu Santo y puedan reconocer estas oportunidades. Roguemos al Señor
Queremos habitar en tu casa, Señor

Por nosotros, para que aprovechemos el tiempo para vestirnos dignamente y poder participar un día del banquete en el Reino de los Cielos. Roguemos al Señor.
Queremos habitar en tu casa, Señor

Celebrante: Muestra Señor tu misericordia a tu Iglesia que te suplica, acoge sus intenciones y da fecundidad a su tarea evangelizadora.. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

MONICIONES XXVII DOMINGO ORDINARIO CICLO A – 2017

MONICIONES DE ENTRADA
Queridos hermanos, muy buenas (tardes, noches, días):
[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Bienvenidos a nuestra celebración del Vigésimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario. Venimos a la iglesia a alimentar nuestra vida para dar frutos que agraden a nuestro Dios. Venimos a aprender a respetar y amar al Hijo, al heredero, a Jesucristo. La invitación es a estar atentos porque llega el Señor para ver cómo anda nuestro trabajo..

Por favor pongamos de pie y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
Nosotros somos la viña del Señor. Somos su plantación elegida. A nosotros nos juzga, hoy, el dueño de la viña, Dios. Aceptemos nuestra responsabilidad y respondamos con amor al amor con que Dios nos cuida.  

MONICION SEGUNDA LECTURA
San Pablo invita a esta comunidad a recurrir a Dios siempre, a presentarle nuestra oración y nuestra acción de gracias. Acudamos también a él en nuestras dificultades y en nuestras tentaciones.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
El apóstol Pablo nos exhortaba hoy a presentar a Dios nuestras oraciones. Por eso oremos juntos: Escucha, Señor, nuestra oración.

Por nuestra Santa Madre, la Iglesia Católica, para que siga produciendo buenos frutos para el Reino de los Cielos. Roguemos al Señor
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por los gobiernos de las naciones, para que luchen por la construcción de una paz duradera. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por la paz en el mundo: para que todos trabajemos juntos por una vida tranquila y feliz.  Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por los que son perseguidos a causa de su fe: que sean fuertes ante las dificultades y encuentren en Jesús su consuelo. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por los que hemos sido adquiridos por la sangre de Cristo: que demos nuestra vida por el Evangelio. Roguemos al Señor
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por nosotros, para que nos mantengamos firmes en la viña del Señor, hasta que Él vuelva.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Celebrante: Señor, atiende las oraciones que te presentamos los obreros de tu viña, ayúdanos a acoger con gozo la salvación que nos trae tu Hijo y a dar frutos de santidad para la gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Lecturas – Trigésimo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A (2017)

Primera Lectura

Lectura del libro del Exodo (22, 20-26)
Esto dice el Señor a su pueblo:
“No hagas sufrir ni oprimas al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto. No explotes a las viudas ni a los huérfanos, porque si los explotas y ellos claman a mí, ciertamente oiré yo su clamor; mi ira se encenderá, te mataré a espada, tus mujeres quedarán viudas y tus hijos, huérfanos.
Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portes con él como usurero, cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélveselo antes de que se ponga el sol, porque no tiene otra cosa con qué cubrirse; su manto es su único cobertor y si no se lo devuelves, ¿cómo va a dormir? Cuando él clame a mí, yo lo escucharé, porque soy misericordioso”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 17

Tú, Señor, eres mi refugio.

Yo te amo, Señor,
tú eres mi fuerza,
el Dios que me protege
y me libera.


Tú, Señor, eres mi refugio.

Tú eres mi refugio,
mi salvación, mi escudo, mi castillo.
Cuando invoqué al Señor de mi esperanza,
al punto me libró de mi enemigo.


Tú, Señor, eres mi refugio.

Bendito seas, Señor, que me proteges;
que tú, mi salvador, seas bendecido.
Tú concediste al rey grandes victorias
y mostraste tu amor a tu elegido.


Tú, Señor, eres mi refugio.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (1, 5-10)
Hermanos: Bien saben cómo hemos actuado entre ustedes para su bien. Ustedes, por su parte, se hicieron imitadores nuestros y del Señor, pues en medio de muchas tribulaciones y con la alegría que da el Espíritu Santo, han aceptado la palabra de Dios en tal forma, que han llegado a ser ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya, porque de ustedes partió y se ha difundido la palabra del Señor; y su fe en Dios ha llegado a ser conocida, no sólo en Macedonia y Acaya, sino en todas partes; de tal manera, que nosotros ya no teníamos necesidad de decir nada.
Porque ellos mismos cuentan de qué manera tan favorable nos acogieron ustedes y cómo, abandonando los ídolos, se convirtieron al Dios vivo y verdadero para servirlo, esperando que venga desde el cielo su Hijo, Jesús, a quien él resucitó de entre los muertos, y es quien nos libra del castigo venidero.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada,
dice el Señor.

Aleluya.

Evangelio †

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (22, 34-40)

Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Vigésimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A (2017)

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías (45, 1. 4-6)
Así habló el Señor a Ciro, su ungido, a quien ha tomado de la mano para someter ante él a las naciones y desbaratar la potencia de los reyes, para abrir ante él los portones y que no quede nada cerrado: “Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido, te llamé por tu nombre y te di un título de honor, aunque tú no me conocieras. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios. Te hago poderoso, aunque tú no me conoces, para que todos sepan, de oriente a occidente, que no hay otro Dios fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 95

Cantemos la grandeza del Señor.

Cantemos al Señor un canto nuevo,
que le cante al Señor toda la tierra.
Su grandeza anunciemos a los pueblos;
de nación en nación sus maravillas.


Cantemos la grandeza del Señor.

Cantemos al Señor, porque él es grande,
más digno de alabanza y más tremendo
que todos los dioses paganos, que ni existen;
ha sido el Señor quien hizo el cielo.


Cantemos la grandeza del Señor.

Alaben al Señor, pueblos del orbe,
reconozcan su gloria y su poder
y tribútenle honores a su nombre.
Ofrézcanle en sus atrios sacrificios.


Cantemos la grandeza del Señor.

Caigamos en su templo de rodillas.
Tiemblen ante el Señor los atrevidos.
“Reina el Señor”, digamos a los pueblos.
El gobierna a las naciones con justicia.


Cantemos la grandeza del Señor.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (1, 1-5)
Pablo, Silvano y Timoteo deseamos la gracia y la paz a la comunidad cristiana de los tesalonicenses, congregada por Dios Padre y por Jesucristo, el Señor.
En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajos fatigosos que ha emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de Dios, que él es quien los ha elegido. En efecto, nuestra predicación del Evangelio entre ustedes no se llevó a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Iluminen al mundo con la luz del Evangelio reflejada en su vida.
Aleluya.

Evangelio †

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (22, 15-21)

Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: “Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”. Ellos le presentaron una moneda.
Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” Le respondieron: “Del César”. Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Vigésimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A (2017)

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías (25, 6-10)
En aquel día, el Señor del niverso preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. El arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así lo ha dicho el Señor.
En aquel día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara. Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae, porque la mano del Señor reposará en este monte”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 22

Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.


Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

Por ser un Dios fiel a sus promesas,
me guía por el sendero recto;
así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.


Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes.


Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los filipenses (4, 12-14. 19-20)
Hermanos: Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza. Sin embargo, han hecho ustedes bien en socorrerme cuando me vi en dificultades.
Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria a Dios, nuestro Padre, por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes para que podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su llamamiento.
Aleluya.

Evangelio †

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (22, 1-14)

Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.
Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.
Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.
Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’ Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: ‘Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos’ ”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.