Moniciones Tercer Domingo de Pascua – Ciclo A

Muy buenas (tardes, noches, días): [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Bienvenidos todos a la Eucaristía de este III Domingo de Pascua.  Este domingo, debemos de recordar que el Señor se hace presente constantemente, son muchos los que necesitamos su ayuda. Lo importante es verle. Lo importante es que no le dejemos pasar de largo y se siente con nosotros a la mesa y nos parta el pan.

Nos ponemos de pie por favor y abandonados en la providencia divina, nos preparamos para celebrar esta Santa Misa.  Entonemos el canto de entrada y recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
La primera lectura de hoy, recoge el primer discurso de Pedro en pentecostés dirigido a los habitantes de Jerusalén, sobre la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret y, sobre todo, habla Pedro de la misión de Jesús como Mesías.

MONICION SEGUNDA LECTURA
El Señor con su muerte y resurrección nos ha rescatado de nuestra estéril manera de vivir, no con bienes efímeros, sino a un precio muy caro. Ya que los cristianos han sido rescatados “a precio de la sangre de Cristo” y ahora “creen en Dios y han puesto en él su fe y su esperanza”

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Dios resucitó a Jesús y Él nos ha rescatado del pecado y de la muerte; por dirigirnos confiadamente a Él: supliquémosle diciendo “Quédate con nosotros, Señor”
 
Por el Papa, los obispos y toda la Iglesia, para que con su trabajo y dedicación lleven a todos la Palabra de resurrección que Jesucristo nos trajo…Roguemos al Señor.
Quédate con nosotros, Señor
 
Por aquellos que se han alejado de Dios y de su Iglesia, para que descubriendo el amor que Cristo les tiene lleguen un día a formar parte de su cuerpo místico.
Quédate con nosotros, Señor
 
Por las familias cristianas, para que ante los problemas y conflictos que surjan encuentren a Cristo como compañero de sus dificultades y se dejen aconsejar por su Palabra viva…Roguemos al Señor.
Quédate con nosotros, Señor
 
Para que los que sufren encuentren en Cristo resucitado su fortaleza….Roguemos al Señor.
Quédate con nosotros, Señor]
 
Para que nosotros, que nos hemos reunido hoy en esta asamblea santa, demos testimonio de que Cristo ha resucitado y vive en nuestros corazones…Roguemos al Señor.
Quédate con nosotros, Señor
 
Celebrante:
Manifiéstate, Señor, en nuestras vidas, explícanos el sentido de las Escrituras, y ayúdanos a reconocerte en la fracción del pan cada vez que compartimos nuestros bienes con los más necesitados. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén

 

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Moniciones Segundo Domingo de Pascua – Ciclo A

Muy buenas (tardes, noches, días): [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Bienvenidos todos a la Eucaristía de este II Domingo de Pascua.  Con mucha alegría y gozo nos reunimos nuevamente en este lugar santo, para celebrar la Pascua de Cristo. La resurreción del Señor sigue siendo la gran noticia para los cristianos, y hoy alabamos y damos gracias a Dios por la herencia que nos ha obtenido por la gloriosa victoria de Cristo sobre la muerte.

Nos ponemos de pie por favor y abandonados en la providencia divina, nos preparamos para celebrar esta Santa Misa.  Entonemos el canto de entrada y recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
En el libro de los Hechos de los Apóstoles nos reflejamos en verdad las comunidades cristianas de todos los tiempos. Hoy leemos un pasaje que se puede considerar como un resumen de lo que era la vida de aquella primera comunidad.

MONICION SEGUNDA LECTURA
La página de la Primera carta de San Pedro, que leeremos hoy,  es un himno de acción de gracias a Dios Padre, por la herencia que nos ha otorgado por la Resurrección de Cristo, y que esperamos alcanzar después de superar las pruebas que nos presenta el mundo.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Oremos a Cristo que con su resurrección ha vencido la muerte y el pecado, y pidámosle que tenga piedad del mundo y lo bendiga, supliquémosle diciendo: Cristo Resucitado, Escúchanos” 

Por la Iglesia Santa de Dios, para que siga difundiendo con esmero el mensaje del Resucitado a todos los rincones del planeta…Roguemos al Señor.
Cristo Resucitado, Escúchanos

Por los jefes de las naciones, para que el Espíritu del Resucitado les inspire buenas decisiones en favor del resurgimiento de los pueblos hundidos en la guerra y la pobreza… Roguemos al Señor.
Cristo Resucitado, Escúchanos  

Por los que sufren en el mundo, especialmente por aquellos que han perdido la esperanza y el sentido de la vida, para que la alegría del Resucitado haga resurgir en ellos nuevas ilusiones…Roguemos al Señor.
Cristo Resucitado, Escúchanos

Para que el Evangelio que hemos proclamado con la boca haga crecer raíces de fe en nuestra vida y produzca frutos estables de justicia y santidad….Roguemos al Señor.
Cristo Resucitado, Escúchanos

Por los que celebramos la Pascua de Cristo este día en torno a la mesa del Señor, para que la paz de Cristo nos acompañe y seamos difusores de esta buena Nueva de Salvación para el mundo…Roguemos al Señor.
Cristo Resucitado, Escúchanos

Celebrante:
Abre los ojos de nuestra fe para que acojamos con alegría la salvación que nos trajo tu Hijo, danos tu sabiduría para reconocerlo en la historia; y, por tu misericordia haznos, participar de su triunfo pascual. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén

Lecturas – Tercer Domingo de Pascua – Ciclo A

Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 14. 22-33)

El día de Pentecostés, se presentó Pedro, junto con los Once, ante la multitud, y levantando la voz, dijo: “Israelitas, escúchenme. Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes, mediante los milagros, prodigios y señales que Dios realizó por medio de él y que ustedes bien conocen. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, Jesús fue entregado, y ustedes utilizaron a los paganos para clavarlo en la cruz.
Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, ya que no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio. En efecto, David dice, refiriéndose a él: Yo veía constantemente al Señor delante de mi, puesto que él está a mi lado para que yo no tropiece. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua se alboroza; por eso también mi cuerpo vivirá en la esperanza, porque tú, Señor, no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que tu santo sufra la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida y me saciarás de gozo en tu presencia.
Hermanos, que me sea permitido hablarles con toda claridad: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero, como era profeta, y sabía que Dios le había prometido con juramento que un descendiente suyo ocuparía su trono, con visión profética habló de la resurrección de Cristo, el cual no fue abandonado a la muerte ni sufrió la corrupción.
Pues bien, a este Jesús Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos. Llevado a los cielos por el poder de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido a él y lo ha comunicado, como ustedes lo están viendo y oyendo”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 15

Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.

Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio.
Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor.


Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.

Por eso se me alegran el corazón y el alma
y mi cuerpo vivirá tranquilo,
porque tú no me abandonarás a la muerte
ni dejarás que sufra yo la corrupción.


Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.

v=Enséñame el camino de la vida,
sáciame de gozo en tu presencia
y de alegría perpetua junto a ti.


Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.

Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1, 17-21)

Hermanos: Puesto que ustedes llaman Padre a Dios, que juzga imparcialmente la conducta de cada uno según sus obras, vivan siempre con temor filial durante su peregrinar por la tierra.
Bien saben ustedes que de su estéril manera de vivir, heredada de sus padres, los ha rescatado Dios, no con bienes efímeros, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, al cual Dios había elegido desde antes de la creación del mundo, y por amor a ustedes, lo ha manifestado en estos tiempos, que son los últimos. Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza en Dios.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, haz que comprendamos la Sagrada Escritura. Enciende nuestro corazón mientras nos hablas.
Aleluya.

Evangelio †

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (24, 13-35)

Gloria a ti, Señor.
El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. El les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?”
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” El les preguntó: “¿Qué cosa?” Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”.
Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.
Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba or el camino y nos explicaba las Escrituras!”
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Segundo Domingo de Pascua – Domingo de la Divina Misericordia – Ciclo A

Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 42-47)

En los primeros días de la Iglesia, todos los hermanos acudían asiduamente a escuchar las enseñanzas de los apóstoles, vivían en comunión fraterna y se congregaban para orar en común y celebrar la fracción del pan. Toda la gente estaba llena de asombro y de temor, al ver los milagros y prodigios que los apóstoles hacían en Jerusalén.
Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran dueños ce bienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido entre todos, según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba. Y el Señor aumentaba cada día el número de los que habían de salvarse.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 117

La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.
Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”


La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Querían a empujones derribarme,
pero Dios me ayudó.
El Señor es mi fuerza y mi alegría,
en el Señor está mi salvación.


La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
Este es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo.


La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1, 3-9)

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su gran misericordia, porque al resucitar a Jesucristo de entre los muertos, nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni mancharse y que él nos tiene reservada como herencia en el cielo. Porque ustedes tienen fe en Dios, él los protege con su poder, para que alcancen la salvación que les tiene preparada y que él revelará al final de los tiempos.
Por esta razón, alégrense, aun cuando ahora tengan que sufrir un poco por adversidades de todas clases, a fin de que su fe, sometida a la prueba, sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, el día de la manifestación de Cristo. Porque la fe de ustedes es más preciosa que el oro, y el oro se acrisola por el fuego.
A Cristo Jesús ustedes no lo han visto y, sin embargo, lo aman; al creer en él ahora, sin verlo, se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto. Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
Aleluya.

Evangelio †

† Lectura del santo Evangelio según san Juan (20, 19-31)

Gloria a ti, Señor.
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les Domingo Abril 23 dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Moniciones Triduo Pascual – Ciclo A

Jueves Santo de la Cena del Señor

MONICIONES DE ENTRADA

[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]
Buenas noches, queridos hermanos: con la Misa vespertina de hoy damos comienzo al sagrado Triduo Pascual. En el Triduo Pascual celebramos, como Iglesia, los grandes misterios de nuestra salvación: el viernes de Cristo muerto, el sábado de Cristo sepultado y el domingo de Cristo resucitado. Estos días no son un simple recuerdo, en ellos se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua: el paso del Señor de este mundo al Padre. Que todos saquemos muchos frutos de estas celebraciones y nos unamos en íntima comunión con Cristo. Como signo de gratitud por estos dones, todos unidos entonemos el canto de entrada.
Los invito para que se pongan de pie entonando el canto de entrada, para recibir con esperanza y alegría a los ministros de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

INSTRUCCIÓN PARA MONAGUILLOS:Mientras se canta el Gloria se tocan las campanas y no vuelven a tocarse hasta la Vigilia Pascual.

MONICION PRIMERA LECTURA

Los israelitas hacían cada año la Cena de Pascua con la que conmemoraban su liberación de Egipto. Es la misma Última Cena que Cristo, como buen israelita, realiza con sus discípulos, inaugurando para todos una nueva liberación del egoísmo y del mal que a todos tantas veces nos domina.

MONICION SEGUNDA LECTURA

Esta segunda lectura nos recuerda la tradición en la Iglesia de la Cena del Señor. La Eucaristía es el Sacramento de la unión y del servicio a los demás.

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
En esta tarde en la que anticipamos el misterio pascual de Cristo y celebramos su amor, oremos con cordial confianza al autor de nuestra salvación y a cada intención respondemos:
“Escucha Señor, nuestra oración”.

En esta tarde santa, en la que Cristo hecho Eucaristía, se da a su Iglesia pidamos por ella, para que proclame a nuestra humanidad la fuerza salvadora del Sacramento del Amor. Oremos a Cristo, Pan de vida.
“Escucha Señor, nuestra oración”.

En esta tarde santa, en que Jesús quiso prolongar su sacerdocio eterno, oremos por el Santo Padre y por todos los que han sido ungidos para actualizar el sacrificio redentor de Cristo, para que encarnen en sus vidas lo que celebran en el altar. Oremos a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote.
“Escucha Señor, nuestra oración”.

En esta tarde santa, en la que Cristo fue entregado por uno de sus amigos, oremos por los que hoy le traicionan derramando sangre inocente, profanando el amor, renegando de su fe; para que la fuerza del misterio que celebramos se haga vida en sus corazones y en los de todos los que fuimos predestinados para el amor. Oremos a Cristo, nuestra Víctima Pascual.
“Escucha Señor, nuestra oración”.

En esta tarde santa, en la que Jesús nos quiere unidos en comunión, oremos por el pueblo de Israel y por los que no le reconocen como el Mesías de Dios, el Salvador que tenía que venir. Oremos a Cristo, nuestro Salvador.
“Escucha Señor, nuestra oración”.

En esta tarde santa, en la que Cristo oró por sus amigos, oremos por nuestra Comunidad parroquial, por nuestros enfermos, por los que entregan su vida por el Evangelio, por los que no podrán celebrar estos misterios, y por los que viven alejados de Dios; para que el paso del Señor les alcance la paz, la salud, el perdón y el gozo de su cercanía y amistad. Oremos a Cristo, nuestro hermano.
“Escucha Señor, nuestra oración”.

PEn esta tarde santa, en que Jesús nos dejó el mandato del amor como signo de su pertenencia; oremos por todo el Pueblo de Dios, para que reunido en torno al banquete Pascual, y alimentado de su Cuerpo y de su Sangre, seamos capaces de crear una fraternidad universal rompiendo las ataduras del egoísmo y de todo pecado, siendo constructores de la paz y la justicia que Él nos mereció. Oremos a Cristo, Príncipe de la paz.
“Escucha Señor, nuestra oración”.

Celebrante:
Señor Jesús, que antes de derramar tu Sangre por nuestra salvación quisiste quedarte en la Eucaristía para ser nuestro alimento y nuestra vida, concédenos gustar el Sacramento del amor y ser signos de tu presencia en medio de los hombres. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

Viernes Santo de la Pasión del Señor

INSTRUCCIÓN: 
Hoy NO se celebra la Santa Misa. Recordamos cuando Jesús muere en la cruz.
No hay moniciones de entrada ni antes de cada lectura, ni ofertorio, ni consagración de especies eucarísticas, pero se realiza comunión eucarística. Se extiende sólo un mantel sobre el altar, recordando el Sudario que se utilizó para envolver el cuerpo nuestro Señor Jesucristo.

La celebración de la Pasión del Señor se compone de tres partes

  • Liturgia de la Palabra: Se leerá la pasión de Cristo
  • Adoración de la Cruz y
  • Santa Comunión.

De preferencia habría que omitir la mayoría de canto y música durante la ceremonia para concentrarnos en la oración, la lectura, la meditación, la evaluación de la vida, el compartir elsufrimiento de Jesús.

  1. Liturgia de La Palabra

  • Para la procesión de Entrada, el ministro celebrante y los ministros sagrados en completo silencio llegan al pie del altar, se postran, y oran en silencio por algunos instantes. (No hay canto de entrada)
  • El sacerdote sube los escalones del altar y lo besa.
  • Estando todos sentados, se realizan las dos primeras lecturas con el respectivo salmo.
  • Se lee el Evangelio de la Pasión según San Juan y al llegar a la parte que dice que nuestro Señor entregó su espíritu todos se arrodillan, y, quedan así por algunos instantes.

INSTRUCCIÓN:
La oración universal se dice en tono simple o, si se hacen las invitaciones: Nos ponemos de rodillas -o- Nos ponemos de pie, en tono solemne.

ORACIÓN UNIVERSAL
Guía: Hoy nuestra oración toma un tono más solemne, y sobre todo quiere ser una oración que alcance a todos. Para que a todos llegue la salvación que nace de la vida entregada por Jesús en la cruz. Por eso a cada intención todos rezaremos un momento de en silencio, y después de la oración del celebrante todos responderemos con nuestro Amén. Pongámonos en pie.

1.Por la Santa Iglesia
Oremos por la Iglesia santa de Dios, para que el Señor le dé la paz, la mantenga en la unidad, la proteja en toda la tierra, y a todos nos conceda una vida confiada y serena, para gloria de Dios, Padre todopoderoso.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Sacerdote: Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo manifiestas tu gloria a todas las naciones, vela solícito por la obra de tu amor, para que la Iglesia, extendida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

2. Por el Papa
Oremos por nuestro Santo padre el Papa Benedicto XVI, para que Dios, que lo llamó al orden episcopal, lo asista y proteja para bien de la Iglesia, como guía del pueblo santo de Dios.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Sacerdote
: Dios todopoderoso y eterno, cuya sabiduría gobierna todas las cosas, atiende bondadoso nuestras súplicas y protege al Papa, para que el pueblo cristiano, gobernado por ti bajo el cayado del Sumo Pontífice, progrese siempre en la fe. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

3. Por todos los ministros y por los fieles
Oremos también por nuestro obispo Denis, por todos los obispos, presbíteros y diáconos, y por todos los miembros del pueblo santo de Dios.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Sacerdote
: Dios todopoderoso y eterno, cuyo espíritu santifica y gobierna todo el cuerpo de la Iglesia, escucha las súplicas que te dirigimos por todos sus ministros, para que, con la ayuda de tu gracia, cada uno te sirva fielmente en la vocación a que le has llamado. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

4. Por los catecúmenos
Oremos por los catecúmenos, para que Dios nuestro Señor les ilumine interiormente, les abra con amor las puertas de la Iglesia, y así encuentren en el bautismo el perdón de sus pecados y la incorporación plena a Cristo, nuestro Señor.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Sacerdote
: Dios todopoderoso y eterno, que haces fecunda a tu Iglesia dándole constantemente nuevos hijos, acrecienta la fe y la sabiduría de los catecúmenos, para que, al renacer en la fuente bautismal, sean contados entre los hijos de adopción. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

5. Por la unidad de los cristianos
Oremos también por todos aquellos hermanos nuestros que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor asista y congregue en una sola Iglesia a cuantos viven de acuerdo con la verdad que han conocido.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Sacerdote
: Dios todopoderoso y eterno, que vas reuniendo a tus hijos dispersos y velas por la unidad ya lograda, mira con amor a toda la grey que sigue a Cristo, para que la integridad de la fe y el vínculo de la caridad congregue en una sola Iglesia a los que consagró un solo bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

6. Por los judíos
Oremos por el pueblo judío, el primero a quien Dios habló desde antiguo por los profetas. Para que el Señor acreciente en ellos el amor de su nombre y la fidelidad a la alianza que selló con sus padres; y de este modo sean, en todo lugar, portadores de paz y de espíritu de concordia.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Sacerdote
: Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abrahán y su descendencia, escucha con piedad las súplicas de tu Iglesia, para que el pueblo de la primera alianza llegue a conseguir en plenitud la redención. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

7. Por los que no creen en Cristo
Oremos por los que no creen en Cristo: los musulmanes, los budistas, los hinduistas, los hombres y mujeres de todas las religiones. Para que, iluminados por el Espíritu Santo, encuentren también ellos el camino de la salvación.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Sacerdote
: Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo que, viviendo con sinceridad ante ti, lleguen al conocimiento pleno de la verdad, y a nosotros concédenos también que, progresando en la caridad fraterna y en el deseo de conocerte más, seamos ante el mundo testigos más convincentes de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Por los que no creen en Dios
Oremos por los que no creen en Dios: por los que no lo conocen, y por los que, conociéndolo, no se sienten atraídos a la fe. Para que por la rectitud y sinceridad de s vida alcancen el premio de llegar a él.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Sacerdote
: Dios todopoderoso y eterno, que creaste a todos los hombres para que te busquen y, cuando te encuentren, descansen en ti, concédeles que, en medio de sus dificultades, los signos de tu amor y el testimonio de los creyentes les lleven al gozo de reconocerte como Dios y Padre de todos los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

9.Por los gobernantes
Oremos por los gobernantes de todas las naciones. Para que Dios nuestro Señor, según sus designios, los guíe en sus pensamientos y decisiones hacia la paz y la libertad de todos los seres humanos; que trabajen decididamente al servicio de una vida más digna para toda persona, y se esfuercen por lograr que los países más pobres puedan salir de la situación injusta en que se encuentran.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Sacerdote
: Dios todopoderoso y eterno, que tienes en tus manos el destino de todos los hombres y los derechos de todos los pueblos, asiste a los que gobiernan, para que, por tu gracia, se logre en todas las naciones la paz, el desarrollo y la libertad religiosa de todos los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

10. Por los que se encuentran en alguna tribulación
Oremos a Dios Padre todopoderoso, para que libre al mundo de toda falsedad, del hambre y la miseria. Oremos por los que sufren los horrores de la guerra, de las dictaduras crueles, de la tortura, del terrorismo y de toda violencia. Oremos también por los perseguidos y encarcelados, y por los que son tratados injustamente por los hombres. Oremos por las familias que están en situaciones difíciles, por los que no tienen trabajo, por los pobres. Y oremos por los que son víctimas del racismo, por los emigrantes y desterrados, por los que se encuentran solos, por los enfermos, los moribundos y todos los que sufren.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Sacerdote
: Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los que lloran y fuerza de los que sufren, lleguen hasta ti las súplicas de quienes te invocan en su tribulación, para que sientan en sus adversidades la ayuda de tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

  1. Adoración de la Santa Cruz

Terminada la oración universal, se hace la adoración solemne de la santa Cruz:

  • El diácono, u otro ministro idóneo, con los ministros, se dirige a la sacristía, de donde trae procesionalmente la Cruz, cubierta con un velo morado.
  • Se dirige a través de la iglesia hasta el centro del presbiterio, acompañado de dos ministros con velas encendidas.

El sacerdote, de pie ante el altar, de cara al pueblo, recibe la Cruz, descubre un poco su extremo superior, la eleva y canta, ayudado por el diácono o, si es necesario por el coro, la siguiente oración:

†Sacerdote: Miren el árbol de la Cruz, donde estuvo clavado el salvador del mundo.
Todos: Venid y adoremos.

Terminado el canto, todos se arrodillan y adoran en silencio, durante unos instantes, la Cruz que el sacerdote, de pie, mantiene en alto.

Enseguida el sacerdote descubre el brazo derecho de la Cruz y, elevándola de nuevo, comienza a cantar (en el mismo tono que antes)

†Sacerdote: Miren el árbol de la Cruz, donde estuvo clavado el salvador del mundo.
Todos: Venid y adoremos.

Y se prosigue como la primera vez. Finalmente, descubre por completo la Cruz y, volviéndola a elevar, comienza por tercera vez:

†Sacerdote: Miren el árbol de la Cruz, donde estuvo clavado el salvador del mundo.
Todos: Venid y adoremos.

  1. Santa Comunión

La última parte del ritual de este día es la Santa Comunión,

  • Estando para terminar la Adoración de la Cruz, se encienden las velas del altar y se va en silencio, en procesión, a la capilla donde están las hostias consagradas. La procesión trae de vuelta la Santa Reserva, las partículas consagradas. En este momento se puede entonar un canto a la Cruz.
  • Cuando la procesión regresa, el celebrante coloca en el altar del Santísimo Sacramento. Dice (Orad hermanos), etc, pero nadie responde, y luego viene la oración del Padre Nuestro con su prefacio.
  • El celebrante no dice, la Paz del Señor, ni la oración de apertura antes de la comunión, por qué no se da la paz este día.
  • Se hace la fracción como en la misa ordinaria, se dice la tercera oración antes de la comunión y el “Señor no soy digno”.
  • Por último, se comulga, se realizan las abluciones y se sale en silencio.
  • El celebrante no dice: “El Señor esté con ustedes”, porque el único sacerdote, Jesucristo estaba muerto y no puede hablar, y ya no está con nosotros.

Sábado de Gloria – Vigilia Pascual en la noche santa

INSTRUCCIÓN:

Lucernario
En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se prepara un fuego que llamee. Congregado ahí el pueblo, llega el sacerdote con los ministros. Uno de los ministros lleva el cirio pascual. No se usan ni la cruz procesional, ni los ciriales.

El sacerdote y los fieles se signan, mientras él dice: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseguida saluda al pueblo, como de costumbre, le hace una breve monición sobre la vigilia de esta noche, con estas palabras u otras semejantes:

Monición de Entrada
† Sacerdote.

Hermanos:
En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Conmemoremos, pues, juntos, la Pascua del Señor, escuchando su palabra y participando en sus sacramentos, con la esperanza cierta de participar también en su triunfo sobre la muerte y de vivir con él para siempre en Dios.

Enseguida el sacerdote bendice el fuego, diciendo con las manos extendidas:

Bendición del Fuego
† Sacerdote.
Oremos:

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo comunicaste a tus fieles el fuego de tu luz, santifica † este fuego nuevo y concédenos que, al celebrar estas fiestas pascuales, se encienda en nosotros el deseo de las cosas celestiales, para que podamos llegar con un espíritu renovado a las fiestas de la eterna claridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Preparación del cirio
Una vez bendecido el fuego nuevo, uno de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante. Éste, con un punzón, grava una cruz en el cirio. Después, traza sobre él, la letra griega Alfa, y, debajo, la letra Omega; entre los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso, mientras dice:

† Sacerdote.
Cristo ayer y hoy,
traza la línea vertical;
Principio y fin,
traza la línea horizontal;
Alfa
traza la letra Alfa, arriba de la línea vertical;

y Omega
traza la letra Omega, debajo de la línea vertical;
Suyo es el tiempo
traza el primer número del año en curso, en el ángulo superior izquierdo de la cruz;
y la eternidad.
traza el segundo número del año en curso, en el ángulo superior derecho;
A él la gloria y el poder,
traza el tercer número del año en curso, en el ángulo inferior izquierdo;
por los siglos de los siglos.
Amén.
traza el cuarto número del año en curso, en el ángulo inferior derecho.

Después de haber trazado la cruz y los demás signos el sacerdote puede incrustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz diciendo al mismo tiempo:

  1. Por sus santas llagas
  2. gloriosas,
  3. nos proteja
  4. y nos guarde
  5. Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

El celebrante enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo:
Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu.

Procesión
Prepárense suficientes velas para todos los fieles que participen en la Vigilia.
En la puerta de la iglesia, el diácono se detiene y elevando el cirio, canta:

Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.

El sacerdote enciende su vela de la llama del cirio pascual.
Enseguida el diácono avanza hasta la mitad de la iglesia, se detiene y elevando el
cirio, canta por segunda vez:

Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.

Todos encienden su vela de la llama del cirio pascual y avanzan. Al llegar ante el altar, el diácono, vuelto hacia el pueblo, eleva el cirio y canta por tercera vez:

Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.

A continuación el diácono o acolito, pone el cirio pascual en el candelabro que está preparado junto al ambón o, en medio del presbiterio. Y entonces se encienden las luces de la iglesia, con excepción de las velas del altar.

Todos los fieles escuchan el anuncio del Pregón Pascual con sus velas encendidas.

Pregón Pascual

INSTRUCCIÓN:

Al completar el pregón pascual todos apagan sus velas y se sientan, se lee la Monición de Entrada para dar inicio a la Liturgia de la palabra, que consiste de 3 Lecturas del antiguo testamento, seguidas de la epístola y el evangelio.

No se dicen moniciones antes de cada lectura

Monición de Entrada

Hermanos, habiendo iniciado solemnemente la Vigilia Pascual, escuchemos con recogimiento la palabra de Dios. Meditemos cómo, en la antigua alianza, Dios salvó a su pueblo y en la plenitud de los tiempos, envió al mundo a su Hijo para que nos redimiera. Oremos para que Dios lleve a su plenitud la obra de la redención realizada por el misterio pascual.

INSTRUCCIÓN:

Al completar el último salmo responsorial y la oración correspondiente, se encienden las velas del altar, y el sacerdote entona el himno Gloria a Dios en el cielo, que todos prosiguen, mientras se tocan las campanas a toda fuerza y sin parar.

Se dice Gloria.

Terminado el himno, el sacerdote dice la oración colecta, como de ordinario y se procede con la lectura de la Epístola seguida del Aleluya y el Evangelio.

INSTRUCCIÓN:

Después de la homilía se pasa a la liturgia bautismal. El sacerdote con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si es que ésta se encuentra a la vista de los fieles. De lo contrario se pone un recipiente con agua en el presbiterio.

El coro, el sacerdote o uno de los lectores entonan las letanías de los Santos, a las que todos responden, estando de pie (por razón del Tiempo Pascual).

Letanías de los Santos

Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros

San Miguel, ruega por nosotros

Santos ángeles de Dios, rueguen por nosotros

San Juan Bautista, ruega por nosotros

San José, ruega por nosotros

San Pedro y san Pablo, rueguen por nosotros

San Andrés, ruega por nosotros

San Juan, ruega por nosotros

Santa María Magdalena, ruega por nosotros

Sábado de Gloria – Vigilia Pascual

San Esteban, ruega por nosotros

San Ignacio de Antioquía, ruega por nosotros

San Lorenzo, ruega por nosotros

San Felipe de Jesús, ruega por nosotros

Santas Perpetua y Felícitas, rueguen por nosotros

Santa Inés, ruega por nosotros

San Gregorio, ruega por nosotros

San Agustín, ruega por nosotros

San Atanasio, ruega por nosotros

San Basilio, ruega por nosotros

San Martín, ruega por nosotros

San Benito, ruega por nosotros

Beato Juan Bautista Scalabrini, ruega por nosotros

San Carlos Borromeo, ruega por nosotros

Santos Francisco y Domingo, rueguen por nosotros

San Francisco Javier, ruega por nosotros

San Juan María Vianney, ruega por nosotros

Santa Catalina de Siena, ruega por nosotros

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros

Santa Teresa del Niño Jesús, ruega por nosotros

San Juan Diego, ruega por nosotros

Todos los santos y santas de Dios, rueguen por nosotros

Muéstrate propicio, líbranos, Señor

De todo mal, líbranos, Señor

De todo pecado, líbranos, Señor

De la muerte eterna, líbranos, Señor

Por tu encarnación, líbranos, Señor

Por tu muerte y resurrección, líbranos, Señor

Por el don del Espíritu Santo, líbranos, Señor

Nosotros, que somos pecadores, te rogamos, óyenos

INSTRUCCIÓN:

Si no hay bautismos el sacerdote procede a la bendición del agua. Se invita a la comunidad a ponerse de pie y teniendo en sus manos las velas encendidas, hacen la renovación de las promesas del bautismo. El sacerdote rocía al pueblo con el agua bendita, mientras todos cantan algún canto de índole bautismal. Hecha la aspersión, el sacerdote vuelve a la sede, en donde, omitido el Credo, dirige la Oración Universal.

Oración de los fieles

Celebrante: El sepulcro está vacío y Cristo ha resucitado. Por eso, nuestraesperanza no fallará. Oremos al Dios de la vida que resucitó a Cristo de entre los muertos, y digámosle: Te rogamos, óyenos.

Para que la fuerza que brota del triunfo de Cristo sobre la muerte, fortalezca al Papa y a cuantos dirigen la Iglesia, de modo que proclamen con sabiduría que la Pascua es el misterio total de Jesucristo, en el que todo alcanza su culminación. Oremos.

Te rogamos, óyenos.

Para que la victoria de Cristo nos confirme en la certeza de que nos amó y se entregó por nosotros, que ha resucitado y vive; y que es perfecto su poder para salvar y liberar a los que por Él se acercan a Dios. Oremos.

Te rogamos, óyenos.

Para que nuestros hermanos que hoy serán incorporados a la Iglesia mediante el Bautismo, sean iluminados con la luz del Resucitado, y Él los haga testigos de la Vida, signos de esperanza y garantía de la fidelidad de Dios. Oremos.

Te rogamos, óyenos.

Para que todos los que sufren, los que no se saben redimidos, los que no tienen fe, en esta noche acojan en su corazón el don del amor de Dios, y animados por la fuerza que brota del sepulcro vacío, se comprometan en la construcción de la civilización del amor. Oremos.

Te rogamos, óyenos.

Para que la celebración de la Pascua nos haga proclamar con nuestras vidas la pertenencia a Cristo, que habiendo resucitado nos ganó para la vida nueva y eterna. Oremos.

Te rogamos, óyenos.

Para que cuantos han muerto esperando ver a Cristo glorioso, participen con Él en la victoria de su Resurrección. Oremos.

Te rogamos, óyenos.

Celebrante:
Atiende, Padre bueno, nuestras oraciones, y haz que prolonguemos en nuestras vidas lo que esta noche santa celebramos en la fe. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén

Domingo de la Resurrección del Señor

MONICIONES DE ENTRADA

[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]
Buenos dias, queridos Hermanos y Hermanas: ¡Felices Pascuas de Resurrección! Cristo ha vencido a la muerte. Por nuestro bautismo tenemos una vida con Él. En la alegría de esta Pascua, nos encontramos aquí reunidos en torno de Jesús, el Señor resucitado. Él nos convoca para que vivamos su vida, para que nos llenemos de amor y de su paz. Lleno de alegría y esperanza comencemos nuestra liturgia cantando con mucho entusiasmo.
Los invito para que se pongan de pie entonando el canto de entrada, para recibir con esperanza y alegría a los ministros de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA

En la primera lectura San Pedro nos relata hoy a nosotros el resumen de la vida de Jesús. El pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él. Él murió, pero Dios lo resucitó. Escuchemos este gran mensaje.

MONICION SEGUNDA LECTURA

El Bautismo hace al cristiano participar de la vida gloriosa. San Pablo nos exhorta a mostrar con obras concretas una vida renovada y distinta. Pongamos atención, hermanos y hermanas.

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
Cristo ha resucitado y vive para interceder por nosotros. Como pueblo renovado por la Pascua de Jesucristo, oremos diciendo:
Te glorificamos, Señor.

Porque con tu resurrección has vencido las tinieblas dando muerte al pecado y nos ofreces la vida en plenitud. Oremos
“Te glorificamos, Señor

Porque Tú eres el Viviente, el que nos renueva y nos permite vivir una vida nueva. Oremos
“Te glorificamos, Señor

Porque tu resurrección ha colmado de alegría a todos los pueblos y les abre esperanzas de paz y libertad. Oremos
“Te glorificamos, Señor

Porque hoy enriqueces a tu Iglesia con la vida de los nuevos bautizados. Oremos
“Te glorificamos, Señor

Celebrante:
Te glorificamos y te pedimos que tu gracia renueve nuestras vidas, las sumerja en tu misterio y un día disfrutemos en plenitud de tu resurrección.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

Moniciones Domingo de Ramos – Ciclo A

Muy buenas (tardes, noches, días): [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Bienvenidos todos a la Eucaristía del Domingo de Ramos.  Jesús, condenado a muerte, padece, sufre y muere en la cruz, pero Dios nuestro Padre, lo resucita para que viva para siempre y así sea nuestro Guía, Señor y Maestro.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
La primera lectura del Libro del Profeta Isaías, nos muestra al Señor, siempre cerca del que sufre. Para él tiene una palabra de aliento, una mano tendida, una ayuda crucial.

MONICION SEGUNDA LECTURA
Esta segunda lectura nos presenta a Cristo Jesús en su humanidad, que se vació de sí mismo en servicio a todos los seres humanos, terminando en la muerte y una muerte de cruz. Exaltado sobre todas las cosas, por eso recibe el nombre sobre todo nombre.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Oremos a Dios, autor de nuestra salvación, y, sabiendo que Jesús es el que viene en su nombre para salvarnos de la muerte y del pecado, supliquémosle con fe diciendo juntos: Que tu cruz nos conforte Señor”

Por la Iglesia, para que viva siempre con la mirada puesta en Cristo, y que en su cruz aprenda a ser donación para todos los hombres…Roguemos al Señor.
Que tu cruz nos conforte Señor 

Para que la sangre derramada por Jesús reconcilie a todos los pueblos que andan en discordias, haciendo de todos los hombres una hermandad… Roguemos al Señor.
Que tu cruz nos conforte Señor 

Para que Cristo que es nuestra paz, destruya el muro de tantas separaciones entre esposos, tantas enemistades entre la familia, tanta discordia entre las diversas religiones, y conceda a todos la paz que tanto ansiamos…Roguemos al Señor.
Que tu cruz nos conforte Señor

Por los que no tienen fe, por los que se sienten tentados, por los enfermos y los pobres: para que Jesús, que desea consumar su plan salvador, sea su liberación…Roguemos al Señor.
Que tu cruz nos conforte Señor

Por los aquí reunidos: para que nuestro arrepentimiento y nuestro acercamiento a Dios durante esta cuaresma, sean camino de gracia y redención…Roguemos al Señor.
Que tu cruz nos conforte Señor

Celebrante:
Dios y Salvador del mundo, escucha nuestras súplicas confiadas, y haz que la contemplación de los misterios de nuestra redención nos haga más sensibles a tu voz que nos llama a la santidad y al compromiso con los pobres y necesitados. Por Jesucristo nuestro Señor
Amén

Lecturas – Triduo Pascual – Ciclo A

Jueves Santo de la Cena del Señor

Primera Lectura
Lectura del libro del Éxodo (12, 1-8. 11-14)

En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: “Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: ‘El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.
Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer.
Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin levadura y hierbas amargas.
Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor.
Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados.
Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habitan
Ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto.
Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua’ ”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 115

Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

¿Cómo le pagaré al Señor
Todo el bien que me ha hecho?
Levantaré el cáliz de salvación
e invocaré el nombre del Señor.


Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

A los ojos del Señor
es muy penoso que mueran sus amigos.
De la muerte, Señor, me has librado,
a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava.


Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

Te ofreceré con gratitud un sacrificio
e invocaré tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor
ante todo su pueblo.


Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios (11, 23-26)

Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:
“Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes.
Hagan esto en memoria mía”.
Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo:
“Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre.
Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él”.
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio †

† Lectura del Santo Evangelio Según san Juan (13, 1-15)

Gloria a ti, Señor.
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.
Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo:
“Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó:
“Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”.
Pedro le dijo:
“Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó:
“Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”.
Jesús le dijo:
“El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio.
Y ustedes están limpios, aunque no todos”. Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo:
‘No todos están limpios’.
Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo:
“¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy.
Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros.
Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Viernes Santo de la Pasión del Señor

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (52, 13—53, 12)

He aquí que mi siervo prosperará, será engrandecido y exaltado, será puesto en alto. Muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba desfigurado su semblante, que no tenía ya aspecto de hombre; pero muchos pueblos se llenaron de asombro. Ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán lo que nunca se habían imaginado.
Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se le revelará el poder del Señor? Creció en su presencia como planta débil, como una raíz en el desierto. No tenía gracia ni belleza. No vimos en él ningún aspecto atrayente; despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento; como uno del cual se aparta la mirada, despreciado y desestimado.
El soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. El soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados.
Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado a degollar; como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron. ¿Quién se preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo, le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y fue contado entre los malhechores, cuando tomó sobre sí las culpas de todos e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 30

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

A ti, Señor, me acojo,
que no quede yo nunca defraudado.
En tus manos encomiendo mi espíritu
y tú, mi Dios leal, me librarás.


Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Se burlan de mí mis enemigos,
mis vecinos y parientes de mí se espantan,
los que me ven pasar huyen de mí.
Estoy en el olvido, como un muerto,
como un objeto tirado en la basura.


Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Pero yo, Señor, en ti confío.
Tú eres mi Dios, y en tus manos está mi destino.
Líbrame de los enemigos que me persiguen.


Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo
y sálvame, por tu misericordia.
Sean fuertes y valientes de corazón,
ustedes, los que esperan en el Señor.


Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Segunda Lectura
Lectura de la carta a los hebreos (4, 14-16; 5, 7-9)

Hermanos: Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo. Mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado. Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno.
Precisamente por eso, Cristo, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio †
† Pasión de nuestro Señor Jesucristo, según San Juan (18, 1—19, 42)

Gloria a ti, Señor.
Narrador. En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos.
Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y armas.
Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo:
† Sacerdote. “¿A quién buscan?”
Narrador. Le contestaron:
Soldado. “A Jesús, el nazareno”.
Narrador. Les dijo Jesús:
† Sacerdote. “Yo soy”.
Narrador. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar:
† Sacerdote. “¿A quién buscan?”
Narrador. Ellos dijeron:
Soldado. “A Jesús, el nazareno”.
Narrador. Jesús contestó:
† Sacerdote. “Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan”.
Narrador. Así se cumplió lo que Jesús había dicho: ‘No he perdido a ninguno de los que me diste’. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
† Sacerdote. “Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?”
Narrador. El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: ‘Conviene que muera un solo hombre por el pueblo’.
Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:
Portera. “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”
Narrador. El dijo:
Pedro. “No lo soy”.
Narrador. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:
† Sacerdote. “Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho”.
Narrador. Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, diciéndole:
Soldado. “¿Así contestas al sumo sacerdote?”
Narrador. Jesús le respondió:
† Sacerdote. “Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”
Narrador. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.
Narrador. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
Pueblo. “¿No eres tú también uno de sus discípulos?”
Narrador. El lo negó diciendo:
Pedro. “No lo soy”.
Narrador. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, le dijo:
Pueblo. “¿Qué no te vi yo con él en el huerto?”
Narrador. Pedro volvió a negarlo y enseguida cantó un gallo.
Narrador. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo:
Pilato. “¿De qué acusan a este hombre?”
Narrador. Le contestaron:
Pueblo. “Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído”.
Narrador. Pilato les dijo:
Pilato. “Pues llévenselo y júzguenlo según su ley”.
Narrador. Los judíos le respondieron:
Pueblo. “No estamos autorizados para dar muerte a nadie”.
Narrador. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
Pilato. “¿Eres tú el rey de los judíos?”
Narrador. Jesús le contestó:
† Sacerdote. “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?”
Narrador. Pilato le respondió:
Pilato. “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?”
Narrador. Jesús le contestó:
† Sacerdote. “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”.
Narrador. Pilato le dijo:
Pilato. “¿Conque tú eres rey?”
Narrador. Jesús le contestó:
† Sacerdote. “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.
Narrador. Pilato le dijo:
Pilato. “¿Y qué es la verdad?”
Narrador. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
Pilato. “No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?”
Narrador. Pero todos ellos gritaron:
Pueblo. “¡No, a ése no! ¡A Barrabás!”
Narrador. (El tal Barrabás era un bandido).
Narrador. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían:
Soldado. “¡Viva el rey de los judíos!”,
Narrador. y le daban de bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
Pilato. “Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa”.
Narrador. Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
Pilato. “Aquí está el hombre”.
Narrador. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron:
Pueblo. “¡Crucifícalo, crucifícalo!”
Narrador. Pilato les dijo:
Pilato. “Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él”.
Narrador. Los judíos le contestaron:
Pueblo. “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios”.
Narrador. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
Pilato. “¿De dónde eres tú?”
Narrador. Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces:
Pilato. “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?”
Narrador. Jesús le contestó:
† Sacerdote. “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor”.
Narrador. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
Pueblo. “¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!; porque todo el que pretende ser rey, es enemigo del César”.
Narrador. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
Pilato. “Aquí tienen a su rey”.
Narrador. Ellos gritaron:
Pueblo. “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!”
Narrador. Pilato les dijo:
Pilato. “¿A su rey voy a crucificar?”
Narrador. Contestaron los sumos sacerdotes:
Pueblo. “No tenemos más rey que el César”.
Narrador. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Narrador. Tomaron a Jesús y él, cargando con la cruz, se dirigió hacia el sitio llamado “la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, no de cada lado, y en medio Jesús.
Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito: ‘Jesús el nazareno, el rey de los judíos’. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:
Pueblo. “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Este ha dicho: Soy rey de los judíos’.
Narrador. Pilato les contestó:
Pilato. “Lo escrito, escrito está”.
Narrador. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Por eso se dijeron:
Soldado. “No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca”.
Narrador. Así se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Y eso hicieron los soldados.
Narrador. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:
† Sacerdote. “Mujer, ahí está tu hijo”.
Narrador. Luego dijo al discípulo:
† Sacerdote. “Ahí está tu madre”.
Narrador. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
Narrador. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
† Sacerdote. “Tengo sed”.
Narrador. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo:
† Sacerdote. “Todo está cumplido”,
Narrador. e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
(Aquí todos se arrodillan y se hace un breve silencio de adoración).
Narrador. Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.
El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
Narrador. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Vigilia Pascual en la noche santa

Primera Lectura
Lectura del libro del Génesis (1, 1—2, 2)

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
Dijo Dios: “Que exista la luz”, y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz “día” y a las tinieblas, “noche”. Fue la tarde y la mañana del primer día. Dijo Dios: “Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas aguas de otras”. E hizo Dios una bóveda y separó con ella las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue. Llamó Dios a la bóveda “cielo”. Fue la tarde y la mañana del segundo día.
Dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar y que aparezca el suelo seco”. Y así fue. Llamó Dios “tierra” al suelo seco y “mar” a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios: “Verdee la tierra con plantas que den semilla y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra”. Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que producía semilla, según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.
Dijo Dios: “Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra”. Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día.
Dijo Dios: “Agítense las aguas con un hervidero de seres vivientes y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda del cielo”. Creó Dios los grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se deslizan y la pueblan, según su especie. Creó también el mundo de las aves, según sus especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra”. Fue la tarde y la mañana del quinto día.
Dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes, según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras, según sus especies”. Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles, cada uno según su especie. Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”.
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.
Y dijo Dios: “He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que producen frutos y semilla, para que les sirvan de alimento.
Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas”. Y así fue.
Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno.
Fue la tarde y la mañana del sexto día.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo día de todo cuanto había hecho.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 103

Bendice al Señor, alma mía.

Bendice al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.


Bendice al Señor, alma mía.

Sobre bases inconmovibles
asentaste la tierra para siempre.
Con un vestido de mares la cubriste
y las aguas en los montes concentraste.


Bendice al Señor, alma mía.

En los valles haces brotar las fuentes,
que van corriendo entre montañas;
junto al arroyo vienen a vivir las aves,
que cantan entre las ramas.


Bendice al Señor, alma mía.

Desde tu cielo riegas los montes
y sacias la tierra del fruto de tus manos;
haces brotar hierba para los ganados y pasto
para los que sirven al hombre.


Bendice al Señor, alma mía.

¡Qué numerosas son tus obras,
Señor, y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas.
Bendice al Señor, alma mía.


Bendice al Señor, alma mía.

† Sacerdote.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que en todas las obras de tu amor te muestras admirable, concede a quienes has redimido, comprender que el sacrificio de Cristo, nuestra Pascua, en la plenitud de los tiempos, es una obra más maravillosa todavía que la misma creación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Tercera Lectura
Lectura del libro del Éxodo (14, 15—15, 1)

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “¿Por qué sigues clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón y de todo su ejército, de sus carros y jinetes. Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros y jinetes, los egipcios sabrán que yo soy el Señor”.
El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de Israel, se colocó tras ellas. Y la columna de nubes que iba adelante, también se desplazó y se puso a sus espaldas, entre el campamento de los israelitas y el campamento de los egipcios. La nube era tinieblas para unos y claridad para otros, y así los ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche.
Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y dividió las aguas. Los israelitas entraron en el mar y no se mojaban, mientras las aguas formaban una muralla a su derecha y a su izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución y toda la caballería del faraón, sus carros y jinetes, entraron tras ellos en el mar.
Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego y humo al ejército de los egipcios y sembró entre ellos el pánico. Trabó las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino pesadamente.
Dijeron entonces los egipcios: “Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto”.
Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes”. Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al amanecer, las aguas volvieron a su sitio, de suerte que al huir, los egipcios se encontraron con ellas, y el Señor los derribó en medio del mar. Volvieron las aguas y cubrieron los carros, a los jinetes y a todo el ejército del faraón, que se había metido en el mar para perseguir a Israel. Ni uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar. Las aguas les hacían muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios, muertos en la orilla del mar. Israel vio la mano fuerte del Señor sobre los egipcios, y el pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor:

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 15

Alabemos al Señor por su victoria.

Cantemos al Señor, sublime es su victoria:
Caballos y jinetes arrojó en el mar.
Mi fortaleza y mi canto es el Señor,
él es mi salvación; él es mi Dios, y yo lo alabaré,
es el Dios de mis padres, y yo le cantaré.


Alabemos al Señor por su victoria.

Alabemos al Señor por su victoria.
El Señor es un guerrero,
su nombre es el Señor.
Precipitó en el mar los carros del faraón y a sus guerreros;
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.


Alabemos al Señor por su victoria.

Las olas los cubrieron,
cayeron hasta el fondo, como piedras.
Señor, tu diestra brilla por su fuerza,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo.


Alabemos al Señor por su victoria.

Tú llevas a tu pueblo
para plantarlo en el monte que le diste en herencia,
en el lugar que convertiste en tu morada,
en el santuario que construyeron tus manos.
Tú, Señor, reinarás para siempre.


Alabemos al Señor por su victoria.

† Sacerdote.
Oremos:
Señor Dios, cuyos antiguos prodigios los percibimos resplandeciendo también en nuestros tiempos, puesto que aquello mismo que realizó la diestra de tu poder para liberar a un solo pueblo de la esclavitud del faraón, lo sigues realizando también ahora, por medio del agua del bautismo para salvar a todas las naciones, concede que todos los hombres del mundo lleguen a contarse entre los hijos de Abraham y participen de la dignidad del pueblo elegido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Sexta Lectura
Lectura del libro del profeta Baruc (3, 9-15. 32—4, 4)

Escucha, Israel, los mandatos de vida, presta oído para que adquieras prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera, que te hayas contaminado por el trato con los muertos, que te veas contado entre los que descienden al abismo?
Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido los senderos de Dios, habitarías en paz eternamente.
Aprende dónde están la prudencia, la inteligencia y la energía, así aprenderás dónde se encuentra el secreto de vivir larga vida, y dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién es el que halló el lugar de la sabiduría y tuvo acceso a sus tesoros? El que todo lo sabe, la conoce; con su inteligencia la ha escudriñado.
El que cimentó la tierra para todos los tiempos, y la pobló de animales cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella va, la llama, y temblorosa le obedece; llama a los astros, que brillan jubilosos en sus puestos de guardia, y ellos le responden: “Aquí estamos”, y refulgen gozosos para aquel que los hizo. El es nuestro Dios y no hay otro como él; él ha escudriñado los caminos de la sabiduría y se la dio a su hijo Jacob, a Israel, su predilecto.
Después de esto, ella apareció en el mundo y convivió con los hombres.
La sabiduría es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna; los que la guardan, vivirán, los que la abandonan, morirán.
Vuélvete a ella, Jacob, y abrázala; camina hacia la claridad de su luz; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero. Bienaventurados nosotros, Israel, porque lo que agrada al Señor nos ha sido revelado.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 18

Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta
del todo y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo.


Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

En los mandamientos del Señor hay rectitud
y alegría para el corazón;
son luz los preceptos del Señor
para alumbrar el camino.


Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

La voluntad de Dios es santa
y para siempre estable;
los mandatos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.


Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

Más deseables que el oro y las piedras preciosas
las normas del Señor,
y más dulces que la miel
de un panal que gotea.


Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

† Sacerdote.
Oremos:
Dios nuestro, que haces crecer continuamente a tu Iglesia con hijos llamados de todos los pueblos, dígnate proteger siempre con tu gracia a quien es has purificado con el agua del bautismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Epístola
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos (6, 3-11)

Hermanos:
Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte.
En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como
Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.
Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro viejo yo fue crucificado con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto queda libre del pecado.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá.
La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 117

Aleluya, aleluya.

Te damos gracias, Señor,
porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.


Aleluya, aleluya.

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo,
para contar lo que el Señor ha hecho.


Aleluya, aleluya.

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.


Aleluya, aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (28, 1-10)

Gloria a ti, Señor.

Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajó del cielo y acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: “No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. Eso es todo”.
Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Domingo de la Resurrección del Señor

Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (10, 34. 37-43)

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
“Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después el bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos.
Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.
El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 117

Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

Te damos gracias, Señor,
porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.


Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.


Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.


Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los colosenses (3, 1-4)

Hermanos:
Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (20, 1-9)

Gloria a ti, Señor.
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
“Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro.
Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Domingo de Ramos “de la Pasión del Señor” – Ciclo A

Bendicion de Ramos
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (21, 1-11)

Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá”.
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban: “¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”
Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían: “¿Quién es éste?” Y la gente respondía: “Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (50, 4-7)

En aquel entonces, dijo Isaías:
“El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento.
Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 21

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Todos los que me ven, de mí se burlan; me hacen gestos y dicen:
“Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; si de veras lo ama, que lo libre”.


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos perros.
Mis manos y mis pies han taladrado y se pueden contar todos mis huesos.


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Reparten entre sí mis vestiduras
Y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayúdame,
No te quedes de mí tan alejado.


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Contaré tu fama a mis hermanos,
En medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alábenlo; glorifícalo, linaje de Jacob;
Témelo, estirpe de Israel.


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2, 6-11)

Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo Nombre.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio †
† Pasión de nuestro Señor Jesucristo Según san Mateo (26, 14—27, 66)

Gloria a ti, Señor.

C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
S. “¿Cuánto me dan si les entregó a Jesús?”
C. Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.
C. El primer día de la fiesta de los panes Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
S. “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”
C. El respondió:
†. “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’ ”.
C. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.
C. Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo:
†. “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”.
C. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno:
S. “¿Acaso soy yo, Señor?”
C. El respondió:
†. “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”.
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. “¿Acaso soy yo, Maestro?”
C. Jesús le respondió:
†. “Tú lo has dicho”.
C. Durante la cena, Jesús tomó un pan, y pronunciada la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
†. “Tomen y coman. Este es mi Cuerpo”.
C. Luego tomó en sus manos una copa de vino, y pronunciada la acción de gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo:
†. “Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, Sangre de la nueva alianza, que será derramada por todos, para el perdón de los pecados. Les digo que ya no beberé más del fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre”.
C. Después de haber cantado el himno, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:
†. “Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea”.
C. Entonces Pedro le replicó:
S. “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”.
C. Jesús le dijo:
†. “Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces”.
C. Pedro le replicó:
S. “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré”.
C. Y lo mismo dijeron todos los discípulos.
C. Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a los discípulos:
†. “Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá”.
C. Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:
†. “Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo”.
C. Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y comenzó a orar, diciendo:
†. “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú”.
C. Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
†. “¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no caer en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil”.
C. Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo:
†. “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”.
C. Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Después de esto, volvió a donde estaban los discípulos y les dijo:
†. “Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está aquí el que me va a entregar”.
C. Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de los Doce, seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había dado esta señal:
S. “Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo”.
C. Al instante se acercó a Jesús y le dijo:
S. “¡Buenas noches, Maestro!”
C. Y lo besó. Jesús le dijo:
†. “Amigo, ¿es esto a lo que has venido?”
C. Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo apresaron. Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús:
†. “Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a espada morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre, él pondría ahora mismo a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?”
C. Enseguida dijo Jesús a aquella chusma:
†. “¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos? Todos los días yo enseñaba, sentado en el templo, y no me aprehendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas”.
C. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
C. Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello.
Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando un falso testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero no lo encontraron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron dos, que dijeron:
S. “Este dijo: ‘Puedo derribar el templo de Dios y reconstruirlo en tres días’ ”.
C. Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo:
S. “¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en contra tuya?”
C. Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo:
S. “Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”.
C. Jesús le respondió:
†. “Tú lo has dicho. Además, yo les declaro que pronto verán al Hijo del hombre, sentado a la derecha de Dios, venir sobre las nubes del cielo”.
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
S. “¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?”
C. Ellos respondieron:
S. “Es reo de muerte”.
C. Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de bofetadas. Otros lo golpeaban, diciendo:
S. “Adivina quién es el que te ha pegado”.
C. Entretanto, Pedro estaba fuera, sentado en el patio. Una criada se le acercó y le dijo: S. “Tú también estabas con Jesús, el galileo”.
C. Pero él lo negó ante todos, diciendo:
S. “No sé de qué me estás hablando”.
C. Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo a los que estaban ahí:
S. “También ése andaba con Jesús, el nazareno”.
C. El de nuevo lo negó con juramento:
S. “No conozco a ese hombre”.
C. Poco después se acercaron a Pedro los que estaban ahí y le dijeron:
S. “No cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta tu modo de hablar te delata”.
C. Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no conocía a aquel hombre. Y en aquel momento cantó el gallo. Entonces se acordó Pedro de que Jesús había dicho: ‘Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces’. Y saliendo de ahí se soltó a llorar amargamente.
C. Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Después de atarlo, lo llevaron ante el procurador, Poncio Pilato, y se lo entregaron.
Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
S. “Pequé, entregando la sangre de un inocente”.
C. Ellos dijeron:
S. “¿Y a nosotros qué nos importa? Allá tú”.
C. Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo, se fue y se ahorcó.
C. Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron:
S. “No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas, porque son precio de sangre”.
C. Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del alfarero, para sepultar ahí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta el día de hoy “Campo de sangre”. Así se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el Campo del alfarero, según lo que me ordenó el Señor.
C. Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le preguntó:
S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”
C. Jesús respondió:
†. “Tú lo has dicho”.
C. Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato:
S. “¿No oyes todo lo que dicen contra ti?”
C. Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás.
Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos:
S. “¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías?”
C. Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia. Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle:
S. “No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa”.
C. Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó:
S. “¿A cuál de los dos quieren que les suelte?”,
C. ellos respondieron:
S. “A Barrabás”.
C. Pilato les dijo:
S. “¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?”
C. Respondieron todos:
S. “Crucifícalo”.
C. Pilato preguntó:
S. “Pero, ¿qué mal ha hecho?”
C. Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza:
S. “¡Crucifícalo!”
C. Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo:
S. “Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes”.
C. Todo el pueblo respondió:
S. “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”
C. Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.
C. Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha, y arrodillándose ante él, se burlaban diciendo:
S. “¡Viva el rey de los judíos!”,
C. y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.
C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, “Lugar de la Calavera”, le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo.
Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: ‘Este es Jesús, el rey de los judíos’. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
C. Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole:
S. “Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”.
C. También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo:
S. “Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: ‘Soy el Hijo de Dios’ ”.
C. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.
C. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz:
†. “Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?”,
C. que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. “Está llamando a Elías”.
C. Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron:
S. “Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo”.
C. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.
Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.
C. Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron:
S. “Verdaderamente éste era hijo de Dios”.
C. Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
C. Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo, que había hecho excavar en la roca para sí mismo.
Hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se retiró. Estaban ahí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.
C. Al otro día, el siguiente de la preparación de la Pascua, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron:
S. “Señor, nos hemos acordado de que ese impostor, estando aún en vida, dijo: ‘A los tres días resucitaré’. Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo:
‘Resucitó de entre los muertos’, porque esta última impostura sería peor que la primera”.
C. Pilato les dijo:
S. “Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren el sepulcro como ustedes quieran”.
C. Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello sobre la puerta y dejaron ahí la guardia.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.