Moniciones XXVI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días): [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos a este Vigésimo Sexto domingo de tiempo ordinario. La liturgia de hoy nos continúa situando en la relación que existe entre ricos y pobres. No es pecado la riqueza tomada por si misma; pero es pecado la riqueza que permite que los pobres mueran y por la falta de solidaridad que nos divide.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

 MONICION PRIMERA LECTURA
La primera lectura de hoy es del capítulo sexto del libro de Amos. Este profeta se caracteriza por la dureza de los términos con que condena el egoísmo y la ambición desmedida de los ricos.

MONICION SEGUNDA LECTURA
San Pablo, en la carta a su amigo Timoteo, continúa con la formación, a distancia, de uno de sus discípulos más queridos. Hoy le pide perseverancia hasta el momento que haya de presentarse hasta el Señor.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Oremos con confianza a Dios que hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos, y digámosle con fe:
Te rogamos, óyenos”
 
Padre, te pedimos por las intenciones del Papa Francisco y por las recomendaciones pastorales que continuamente hace, a la Iglesia Universal, sean escuchadas por ti, y sean recibidas y admitidas por todos los pastores y fieles…Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos
 
Por los gobernantes del mundo, para que luchen por acabar las diferencias tan marcadas entre ricos y pobres y exista una verdadera solidaridad en el mundo… Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos
 
Por los que sufren las injusticias de este mundo, por los desplazados, los que sufren el horror de la guerra o el hambre, los que viven sin casa o trabajo, para que dejen de ser invisibles a esta sociedad de consumo en la que todos estamos inmersos…Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos

Por los que viven de apariencias, buscan los primeros puestos y el reconocimiento de los hombres: que descubran los valores esenciales y sean humildes de corazón…. Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos
 
Por nosotros: que al alimentarnos de Jesús Eucaristía, seamos generosos y justos en el reparto de nuestros bienes…Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos
 
Celebrante:
Concédenos, Dios misericordioso, que nuestra ofrenda te sea aceptable y que por ella quede abierta para nosotros la fuente de toda bendición.. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén

Moniciones XXV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días): [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos a este Vigésimo Quinto Domingo de Tiempo Ordinario. Las lecturas bíblicas de hoy enjuician nuestro comportamiento acerca de las riquezas que Dios nos ha confiado. Nosotros somos simples administradores, no dueños. Cuando nos vayamos, todo se quedará aquí.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
Amós, aunque era un humilde pastor, es el profeta de la justicia social. Ataca a la injusticia de los ricos y la explotación del pobre. Advirtió a los hombres que Dios demanda honradez y justicia en sus negocios.

MONICION SEGUNDA LECTURA
San Pablo aconseja a su discípulo y colaborador Timoteo sobre la liturgia para que sea una auténtica plegaria de toda la comunidad y que permita llegar más fácilmente al pensamiento de Cristo, nuestro mediador, como base de nuestra fe.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Con confianza en el amor de Dios, con la seguridad de que siempre nos escucha oremos diciendo: Te lo pedimos Señor.

Por la Iglesia; para que sepa dar testimonio de Cristo en medio de nuestro mundo…Roguemos al Señor.
Te lo pedimos Señor.

Por los gobernantes de todas las naciones; para que sus esfuerzos por la paz y la justicia no sean en vano…Roguemos al Señor.
Te lo pedimos Señor.

Para que nuestra oración suba a Dios y Él nos ayude a vivir como hijos de la luz…Roguemos al Señor.
Te lo pedimos Señor.

Para que la Eucaristía que celebramos fortalezca nuestra fe y robustezca nuestra caridad. Roguemos al Señor.
Te lo pedimos Señor.

Por nosotros; para que no caigamos en la tentación de la codicia y no se metalice nuestro corazón…Roguemos al Señor.
Te lo pedimos Señor.

Celebrante:
Te lo pedimos a Ti, que eres nuestro único Señor, por intercesión de tu enviado Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amen

Moniciones XXIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días): [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos. Reciban nuestro más afectuoso saludo a la Eucaristía del Vigésimo Cuarto del Tiempo Ordinario. Hoy la Iglesia quiere recordarnos la misericordia y el gran amor que Dios tiene para con nosotros. Hoy, en la persona de Cristo, vemos el amor infinito de Dios que nos busca siempre para darnos más vida

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
En la primera lectura, del Libro de Éxodo, nos muestra la conversación entre Dios y Moisés sobre las infidelidades del pueblo judío.

MONICION SEGUNDA LECTURA
San Pablo, en su primera carta a su amigo Timoteo, alaba la misericordia de Dios. El apóstol es un testigo excepcional del misericordioso amor de Dios con el hombre pecador.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Como Moisés, que intercedió por el pueblo, acerquémonos a la presencia del Señor y oremos por la Iglesia y por el mundo entero diciendo: PADRE ESCUCHANOS

Por el Papa, los Obispos, sacerdotes y diáconos, para que sean signo de la misericordia de Dios en el mundo, por su espíritu de perdón y reconciliación…Roguemos al Señor.
Padre Escúchanos.

Por la Paz en el mundo, para que cale en los corazones de los hombres la misericordia de Dios para con ellos y de ellos para con el prójimo. Roguemos al Señor.
Padre Escúchanos.

Por las familias cristianas para que sea el perdón entre ellos la muestra más palpable del amor que se profesan cada día…Roguemos al Señor.
Padre Escúchanos.

Para que seamos capaces de volver siempre con humildad a la casa del Padre y acogernos a su misericordia… Roguemos al Señor.
Padre Escúchanos.

Por nosotros los aquí reunidos, para que continuemos realizando con nuestro prójimo las obras misericordiosas de Cristo… Roguemos al Señor.
Padre Escúchanos

Celebrante:
Padre misericordioso, mira a tus hijos que te suplican, acoge sus oraciones a favor del mundo entero y manifiéstate a sus corazones que están anhelantes de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amen.

Moniciones XXIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días):  [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en este Vigésimo tercer Domingo del Tiempo Ordinario. Hoy Cristo nos dice cómo podemos responder a su llamado y seguimiento. Las condiciones no son fáciles. Tenemos al Espíritu Santo como guía y orientador..

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
¿Quién puede conocer los designios de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere? La primera lectura de hoy nos dice que sólo es posible comprender los caminos de Dios cuando el Espíritu Santo ilumina con la fe.

MONICION SEGUNDA LECTURA
La segunda lectura está tomada de la carta más breve de San Pablo: Filemón. El apóstol intercede a favor de su amigo Onésimo, que era esclavo de Filemón y se había escapado de la casa de su amo.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante: Con espíritu de libertad, como hijos que confían en su Padre, presentemos a Dios las necesidades e intenciones del mundo entero y digámosle: ESCUCHANOS, SEÑOR! 

Por el Papa Francisco, los obispos, sacerdotes todos aquellos que proclaman al mundo el Pan de Vida, para no se cansen nunca de proclamar la eficacia de la Eucaristía….Roguemos al Señor…
¡ Escúchanos, Señor!

Por la Iglesia, para que libere a los hombres de la esclavitud del pecado que les impide caminar hacia el Padre…Roguemos al Señor…
¡ Escúchanos, Señor!

Por la juventud, para que respondan con generosidad a la llamada del Señor, y le sirva en la vida sacerdotal o religiosa. Roguemos al Señor…
¡ Escúchanos, Señor!

Por los matrimonios y las familias, para que todos pongan de su parte, llevando su cruz y ayudando a los otros a llevar la suya. Roguemos al Señor.
¡ Escúchanos, Señor! 

Por la paz todas las naciones, especialmente por el “regalo” de la paz en el Oriente Medio y cualquier otra parte del mundo en la que haya conflictos. Roguemos al Señor.
¡ Escúchanos, Señor!

Celebrante:
Padre bueno, escucha las oraciones de tus hijos, danos tu gracia para ser coherentes con nuestra fe, y no permitas que nunca nos alejemos de Ti. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén
 

Lecturas – Vigésimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Amós (6, 1.4-7)

Esto dice el Señor todopoderoso: “¡Ay de ustedes, los que se sienten seguros en Sión y los que ponen su confianza en el monte sagrado de Samaria! Se reclinan sobre divanes adornados con marfil, se recuestan sobre almohadones para comer los corderos del rebaño y las terneras en engorda. Canturrean al son del arpa, creyendo cantar como David. Se atiborran de vino, se ponen los perfumes más costosos, pero no se preocupan por las desgracias de sus hermanos.
Por eso irán al destierro a la cabeza de los cautivos y se acabará la orgía de los disolutos”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 145

Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.

El Señor siempre es fiel a su palabra,
y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos
y libera al cautivo.


Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.

Abre el Señor los ojos de los ciegos
y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo
y toma al forastero a su cuidado.


Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.

A la viuda y al huérfano sustenta
y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente,
reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.


Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.

Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (6, 11-16)

Hermano: Tú, como hombre de Dios, lleva una vida de rectitud, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre. Lucha en el noble combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste tan admirable profesión ante numerosos testigos.
Ahora, en presencia de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que dio tan admirable testimonio ante Poncio Pilato, te ordeno que cumplas fiel e irreprochablemente, todo lo mandado, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo, la cual dará a conocer a su debido tiempo Dios, el bienaventurado y único soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, el que habita en una luz inaccesible y a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él todo honor y poder para siempre.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (16, 19-31)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.
Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.
El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’ ”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Amós (8, 4-7)

Escuchen esto los que buscan al pobre sólo para arruinarlo y andan diciendo: “¿Cuándo pasará el descanso del primer día del mes para vender nuestro trigo, y el descanso del sábado para reabrir nuestros graneros?” Disminuyen las medidas, aumentan los precios, alteran las balanzas, obligan a los pobres a venderse; por un par de sandalias los compran y hasta venden el salvado como trigo.
El Señor, gloria de Israel, lo ha jurado: “No olvidaré jamás ninguna de estas acciones”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 112

Que alaben al Señor todos sus siervos.

Bendito sea el Señor,
alábenlo sus siervos.
Bendito sea el Señor,
desde ahora y para siempre.


Que alaben al Señor todos sus siervos.

Dios está sobre todas las naciones,
su gloria por encima de los cielos.
¿Quién hay como el Señor?
¿Quién iguala al Dios nuestro?


Que alaben al Señor todos sus siervos.

El tiene en las alturas su morada
y sin embargo de esto,
bajar se digna su mirada
para ver tierra y cielo.


Que alaben al Señor todos sus siervos.

El levanta del polvo al desvalido
y saca al indigente del estiércol
para hacerlo sentar entre los grandes,
los jefes de su pueblo.


Que alaben al Señor todos sus siervos.

Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2, 1-8)

Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido.
Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro salvador, pues él quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad, porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre él también, que se entregó como rescate por todos.
El dio testimonio de esto a su debido tiempo y de esto yo he sido constituido, digo la verdad y no miento, pregonero y apóstol para enseñar la fe y la verdad.
Quiero, pues, que los hombres, libres de odios y divisiones, hagan oración dondequiera que se encuentren, levantando al cielo sus manos puras.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (16, 1-13)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’.
Entonces el administrador se puso a pensar: ‘¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.
Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Este respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.
El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz.
Y yo les digo: Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo.
El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?
No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Vigésimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del libro del Exodo (32, 7-11. 13-14)

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “Anda, baja del monte, porque tu pueblo, el que sacaste de Egipto, se ha pervertido. No tardaron en desviarse del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se han postrado ante él y le han ofrecido sacrificios y le han dicho: ‘Este es tu dios, Israel; es el que te sacó de Egipto’ ”.
El Señor le dijo también a Moisés: “Veo que éste es un pueblo de cabeza dura. Deja que mi ira se encienda contra ellos hasta consumirlos. De ti, en cambio, haré un gran pueblo”.
Moisés trató de aplacar al Señor, su Dios, diciéndole: “¿Por qué ha de encenderse tu ira, Señor, contra este pueblo que tú sacaste de Egipto con gran poder y vigorosa mano? Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, siervos tuyos, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: ‘Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo y les daré en posesión perpetua toda la tierra que les he prometido’ ”.
Y el Señor renunció al castigo con que había amenazado a su pueblo.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 50

Me levantaré y volveré a mi padre.

Por tu inmensa compasión y
misericordia, Señor, apiádate de
mí y olvida mis ofensas. Lávame
bien de todos mis delitos y
purifícame de mis pecados.


Me levantaré y volveré a mi padre.

Crea en mí, Señor, un corazón
puro, un espíritu nuevo para
cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu.


Me levantaré y volveré a mi padre.

Señor, abre mis labios y
cantará mi boca tu alabanza.
Un corazón contrito te presento,
y a un corazón contrito,
tú nunca lo desprecias.


Me levantaré y volveré a mi padre.

Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1, 12-17)

Querido hermano: Doy gracias a aquel que me ha fortalecido, a nuestro Señor Jesucristo, por haberme considerado digno de confianza al ponerme a su servicio, a mí, que antes fui blasfemo y perseguí a la Iglesia con violencia; pero Dios tuvo misericordia de mí, porque en mi incredulidad obré por ignorancia, y la gracia de nuestro Señor se desbordó sobre mí, al darme la fe y el amor que provienen de Cristo Jesús.
Puedes fiarte de lo que voy a decirte y aceptarlo sin reservas: que Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero Cristo Jesús me perdonó, para que fuera yo el primero en quien él manifestara toda su generosidad y sirviera yo de ejemplo a los que habrían de creer en él, para obtener la vida eterna.
Al rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo, y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (15, 1-32)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”.
Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió asta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.
¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”.
También les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre dame la parte que me toca de la herencia’. Y él les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a pasar necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.
Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.
Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.
Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.
El hijo mayor estaba en el campo, y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Este le contestó: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.
Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.
El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’ ”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Vigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del libro de la Sabiduría (9, 13-19)

¿Quién es el hombre que puede conocer los designios de Dios? ¿Quién es el que puede saber lo que el Señor tiene dispuesto? Los pensamientos de los mortales son inseguros y sus razonamientos pueden equivocarse, porque un cuerpo corruptible hace pesada el alma y el barro de que estamos hechos entorpece el entendimiento.
Con dificultad conocemos lo que hay sobre la tierra y a duras penas encontramos lo que está a nuestro alcance. ¿Quién podrá descubrir lo que hay en el cielo? ¿Quién conocerá tus designios, si tú no le das la sabiduría, enviando tu santo espíritu desde lo alto?
Sólo con esa sabiduría lograron los hombres enderezar sus caminos y conocer lo que te agrada. Sólo con esa sabiduría se salvaron, Señor, los que te agradaron desde el principio.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 89

Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Tú haces volver al polvo a los humanos,
diciendo a los mortales que retornen.
Mil años para ti son como un día que ya pasó;
como una breve noche.


Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Nuestra vida es tan breve como un sueño;
semejante a la hierba, que despunta
y florece en la mañana y por la tarde
se marchita y se seca.


Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Enséñanos a ver lo que es la vida
y seremos sensatos.
¿Hasta cuándo, Señor, vas a tener compasión de tus siervos?
¿Hasta cuándo?


Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Llénanos de tu amor por la mañana
y júbilo será la vida toda.
Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos,
puedan mirar tus obras y tu gloria.


Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón (9-10. 12-17)

Querido hermano: Yo, Pablo, ya anciano y ahora, además, prisionero por la causa de Cristo Jesús, quiero pedirte algo en favor de Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado para Cristo aquí, en la cárcel.
Te lo envío. Recíbelo como a mí mismo. Yo hubiera querido retenerlo conmigo, para que en tu lugar me atendiera, mientras estoy preso por la causa del Evangelio. Pero no he querido hacer nada sin tu consentimiento, para que el favor que me haces no sea como por obligación, sino por tu propia voluntad.
Tal vez él fue apartado de ti por un breve tiempo, a fin de que lo recuperaras para siempre, pero ya no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como hermano amadísimo. El ya lo es para mí. ¡Cuánto más habrá de serlo para ti, no sólo por su calidad de hombre, sino de hermano en Cristo! Por tanto, si me consideras como compañero tuyo, recíbelo como a mí mismo.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Señor, mira benignamente a tus siervos y enséñanos a cumplir tus mandamientos.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (14, 25-33)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.
¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.
Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.