Moniciones XXII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días): [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos a este Vigésimo Segundo domingo de tiempo ordinario. Las lecturas que hoy meditaremos tienen un acentuado sabor a humildad. Ser humildes es ser realistas. Es saber que somos obra de Dios y le necesitamos. Con espíritu de humildad y de gratitud celebremos esta Eucaristía.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
Esta primera lectura está tomada del libro del Eclesiástico. Nos enseña el valor de la humildad. La persona humilde está abierta a escuchar y a responder a Dios. “Cuánto más seas, más debes humillarte”.
 
MONICION SEGUNDA LECTURA
En la carta a los Hebreos San Pablo nos contrasta las dos alianzas de Dios con los seres humanos. La primera alianza en el desierto era dura y exterior. La segunda con Jesús como mediador, es una alianza de paz y de amor. Todos pueden y deben acercarse confiados a la misericordia y a la bondad de Dios.
 
ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Con sencillez y humildad de corazón, presentemos a Dios nuestras necesidades y las del mundo entero, diciendo:“Te rogamos, óyenos”

Por el Papa, los Obispos, Sacerdotes y Diáconos, para que sean auténticos servidores en la comunidad. Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos

Por los empresarios y jefes de personal, para que traten a sus obreros y colaboradores con respeto, dignidad, rectitud y comprensión… Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos 

Por todos los migrantes que han tenido que emigrar a otros países en busca de trabajo y de una mejor vida, para que nuestra Santísima Madre la virgen María los proteja y acompañe a todos y encuentren ayuda y acogida en los países de destino…Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos

Por los que viven de apariencias, buscan los primeros puestos y el reconocimiento de los hombres: que descubran los valores esenciales y sean humildes de corazón…. Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos

Por nosotros, los aquí presentes, para que ayudemos al prójimo renunciando a nuestro egoísmo y comodidad…Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos 

Celebrante:
Te rogamos, Señor, que atiendas a tus hijos que te suplican y nos des a todos el poder participar un día del banquete de tu Reino.. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén

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Moniciones XXI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días): [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos a este Vigésimo primer domingo de tiempo ordinario. La liturgia de hoy es una especie de brindis de salvación universal, se nos dice que en el nuevo pueblo de Dios, han terminado todas las diferencias de raza, color o lengua, ya que todos somos herederos de la Promesa.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
La primera lectura de hoy, nos marcan el camino de salvación: expandir la Palabra de Dios por el mundo entero, sin limitación alguna. Pero todos hemos de colaborar. Jesús cuenta con nosotros.

MONICION SEGUNDA LECTURA
La segunda lectura de hoy nos dice que las penalidades que se nos presenten es este mundo hemos de sobrellevarlas con humildad y sentido penitencial. Dios, como buen Padre que es, nos ayuda y educa en nuestro camino. Y si es necesario nos reprende.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Invoquemos a Dios, que nos ama como a hijos muy amados, y digámosle con afecto filial: Escúchanos, que confiamos en Ti.

Por la Iglesia, por el Papa Francisco, por los obispos, sacerdotes y diáconos; por los laicos comprometidos en los trabajos de la Iglesia y por todos aquellos que se esfuerzan en llevar la Palabra de Dios a los confines del mundo….Roguemos al Señor..
Escúchanos, que confiamos en Ti

Por los pobres, los desempleados, los que sufren, para que comprendan que el amor de Dios es infinito y su fidelidad es eterna…Roguemos al Seño
Escúchanos, que confiamos en Ti

Por todos los migrantes que se encuentran privados de su libertad y lejos de sus familias, para que encuentren solidaridad y esperanza…Roguemos al Señor.
Escúchanos, que confiamos en Ti

Para que los que sufren a causa de la guerra, la violencia o el egoísmo se vean libres de lo que los aflige. Roguemos al Señor.
Escúchanos, que confiamos en Ti.

 Por nosotros, para que con nuestra fe y nuestras obras seamos testigos y signos visibles de la presencia del Reino de Dios en la tierra. Roguemos al Señor.
Escúchanos, que confiamos en Ti.

Celebrante: Jesús, escucha nuestras oraciones, sé Tú huésped en nuestras vidas y haz que escuchando tu Palabra y meditándola en el corazón, la pongamos en práctica. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amen

Moniciones XX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días): [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos. La Palabra bíblica de este Vigésimo domingo de tiempo ordinario. El mensaje de la liturgia de hoy, lo podemos resumir en lo siguiente: “el seguimiento de Cristo supone la cruz” Jeremías fue rechazado por su propia gente, como otros grandes profetas, hasta Cristo mismo. La palabra de Dios es como un fuego; los que aceptan van a ser purificado y santificados por la Cruz de Cristo.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
La primera lectura de hoy está tomada de la profecía de Jeremías. Esta es la trayectoria del profeta: la violencia que sufre por ser fiel al mandato de Dios; la valentía para afrontar la ira de los ricos; y la división que se produjo; unos a favor y otros en contra.

MONICION SEGUNDA LECTURA
San Pablo en la carta a los Hebreos nos invita a tener nuestra mirada fija al autor de la vida y al que anima nuestra fe, Jesucristo. Al final de nuestra vida, nos encontraremos con Cristo. El premio está en sus manos, pero tenemos que liberarnos del pecado para ganarlo.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Presentemos a Dios nuestras oraciones, y, ya que Él siempre nos escucha, digámosle: PADRE ESCUCHANOS

Por los obispos, sacerdotes y ministros del Evangelio: para que proclamen con su vida las obras admirables de Dios. Roguemos al Señor.
Padre Escúchanos.

Por los cristianos: para que vivamos con valentía las palabras del Evangelio en el tercer milenio. Roguemos al Señor.
Padre Escúchanos.

Por los que viven en esclavitud, opresión o miseria. Para que no falte quien les ayude a liberarse. Roguemos al Señor.
Padre Escúchanos.

Por los que están cansados, tristes o deprimidos, por los que no tienen fe: que experimenten el consuelo y la ternura de Dios… Roguemos al Señor.
Padre Escúchanos.

Por los migrantes que han sido víctimas de la violencia y explotación mientras buscaban una vida mejor… Roguemos al Señor.
Padre Escúchanos

Celebrante:
Socorre a tu pueblo que te suplica y dale la fuerza de tu amor para no desfallecer.. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amen.

Moniciones XIX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días):  [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en este Decimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario. La iglesia nos llama hoy a estar vigilantes en todo momento. Nuestra fe nos enseña a descubrir al Señor en los signos de los tiempos. Necesitamos crecer en la fe; en la búsqueda de las cosas del Señor.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

 
MONICION PRIMERA LECTURA
Esta primera lectura es una llamada constante a la vigilancia y la fidelidad al Señor y a que tengamos esperanza.
 
MONICION SEGUNDA LECTURA
San Pablo en la carta a los Hebreos nos habla de la fe de Abrahám. La promesa se cumplió porque Abrahám confío totalmente en Dios. La fe es respuesta a Dios.
 
ORACION DE LOS FIELES
Celebrante: Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, para que, acordándose de su promesa, escuche la oración de los que nos hemos reunido en su nombre. Digamos: ¡ESCUCHA A TU PUEBLO, SEÑOR!
 
Por el Papa Francisco, los obispos, sacerdotes todos aquellos que proclaman al mundo el Pan de Vida, para no se cansen nunca de proclamar la eficacia de la Eucaristía….Roguemos al Señor…
¡ESCUCHA A TU PUEBLO, SEÑOR!

Por las comunidades que expulsan o reciben migrantes, para que sean capaces de descubrir en ellos el rostro de Cristo Peregrino…Roguemos al Señor…
¡ESCUCHA A TU PUEBLO, SEÑOR!

Por aquellos que sufren desesperación, por los que dudan ante el valor de la vida, para que se vean alimentados con la fuerza de Dios para enfrentar la dificultad del camino. Roguemos al Señor…
¡ESCUCHA A TU PUEBLO, SEÑOR! 

Por todos nosotros, para que nunca perdamos nuestra fe en Dios, sino que la acrecentemos cada día más. Roguemos al Señor.
¡ESCUCHA A TU PUEBLO, SEÑOR!

Por el éxito de nuestra celebración al Divino Salvador del Mundo, esperando que haya dado los frutos deseado no solo de recaudar fondos para el mantenimiento de nuestra Capellanía, sino también frutos de alegría, paz, hermandad y amor en nuestras comunidades. Roguemos al Señor.
¡ESCUCHA A TU PUEBLO, SEÑOR! 

Celebrante:
Escucha, Señor, nuestras oraciones y haz que los corazones de tus fieles se inflamen en la fe que impulsó a nuestro padre Abraham a vivir como extranjero en la tierra que le prometiste, y que también esperemos el regreso de tu Hijo, como el criado a quien el Señor encuentra en vela, en el momento de su llegada, para que podamos así ser acogidos por Cristo en el banquete eterno. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén

Lecturas – Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide) (3, 19-21. 30-31)

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te amarán más que al hombre dadivoso. Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas y hallarás gracia ante el Señor, porque sólo él es poderoso y sólo los humildes le dan gloria.
No hay remedio para el hombre orgulloso, porque ya está arraigado en la maldad. El hombre prudente medita en su corazón las sentencias de los otros, y su gran anhelo es saber escuchar.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 67

Dios da libertad y riqueza a los cautivos.

Ante el Señor, su Dios,
gocen los justos, salten de alegría.
Entonen alabanzas a su nombre.
En honor del Señor toquen la cítara.


Dios da libertad y riqueza a los cautivos.

Porque el Señor, desde su templo santo,
a huérfanos y viudas da su auxilio;
él fue quien dio a los desvalidos casa,
libertad y riqueza a los cautivos.


Dios da libertad y riqueza a los cautivos.

A tu pueblo extenuado diste fuerzas,
nos colmaste, Señor, de tus favores
y habitó tu rebaño en esta tierra,
que tu amor preparó para los pobres.


Dios da libertad y riqueza a los cautivos.

Segunda Lectura
Lectura de la carta a los hebreos (12, 18-19. 22-24)

Hermanos: Cuando ustedes se acercaron a Dios, no encontraron nada material, como en el Sinaí: ni fuego ardiente, ni oscuridad, ni tinieblas, ni huracán, ni estruendo de trompetas, ni palabras pronunciadas por aquella voz que los israelitas no querían volver a oír nunca.
Ustedes, en cambio, se han acercado a Sión, el monte y la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a la reunión festiva de miles y miles de ángeles, a la asamblea de los primogénitos, cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el juez de todos los hombres, y a los espíritus de los justos que alcanzaron la perfección. Se han acercado a Jesús, el mediador de la nueva alianza.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (14, 1. 7-14)

Gloria a ti, Señor.

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola:
“Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”.
Luego dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Vigésimo primer Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (66, 18-21)

Esto dice el Señor: “Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua. Vendrán y verán mi gloria. Pondré en medio de ellos un signo, y enviaré como mensajeros a algunos de los supervivientes hasta los países más lejanos y las islas más remotas, que no han oído hablar de mí ni han visto mi gloria, y ellos darán a conocer mi nombre a las naciones.
Así como los hijos de Israel traen ofrendas al templo del Señor en vasijas limpias, así también mis mensajeros traerán, de todos los países, como ofrenda al Señor, a los hermanos de ustedes a caballo, en carro, en literas, en mulos y camellos, hasta mi monte santo de Jerusalén. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 116

Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.

Que alaben al Señor
todas las naciones,
que lo aclamen
todos los pueblos.


Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.

Porque grande es su amor
hacia nosotros
y su fidelidad dura por siempre.


Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.

Segunda Lectura
Lectura de la carta a los hebreos 12, 5-7. 11-13)

Hermanos: Ya se han olvidado ustedes de la exhortación que Dios les dirigió, como a hijos, diciendo: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda. Porque el Señor corrige a los que ama, y da azotes a sus hijos predilectos. Soporten, pues, la corrección, porque Dios los trata como a hijos; ¿y qué padre hay que no corrija a sus hijos?
Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría, sino más bien tristeza. Pero después produce, en los que la recibieron, frutos de paz y de santidad.
Por eso, robustezcan sus manos cansadas y sus rodillas vacilantes; caminen por un camino plano, para que el cojo ya no se tropiece, sino más bien se alivie.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre, si no es por mí, dice el Señor.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (13, 22-30)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”
Jesús le respondió: “Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’ Pero él les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’.
Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ‘Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera.
Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Jeremías (38, 4-6. 8-10)

Durante el sitio de Jerusalén, los jefes que tenían prisionero a Jeremías dijeron al rey: “Hay que matar a este hombre, porque las cosas que dice desmoralizan a los guerreros que quedan en esta ciudad y a todo el pueblo. Es evidente que no busca el bienestar del pueblo, sino su perdición”.
Respondió el rey Sedecías: “Lo tienen ya en sus manos y el rey no puede nada contra ustedes”. Entonces ellos tomaron a Jeremías y, descolgándolo con cuerdas, lo echaron en el pozo del príncipe Melquías, situado en el patio de la prisión. En el pozo no había agua, sino lodo, y Jeremías quedó hundido en el lodo.
Ebed-Mélek, el etíope, oficial de palacio, fue a ver al rey y le dijo: “Señor, está mal hecho lo que estos hombres hicieron con Jeremías, arrojándolo al pozo, donde va a morir de hambre”.
Entonces el rey ordenó a Ebed-Mélek: “Toma treinta hombres contigo y saca del pozo a Jeremías, antes de que muera”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 39

Señor, date prisa en ayudarme.

Esperé en el Señor
con gran confianza;
él se inclinó hacia mí
y escuchó mis plegarias.


Señor, date prisa en ayudarme.

Del charco cenagoso
y la fosa mortal me puso a salvo;
puso firmes mis pies sobre la roca
y aseguró mis pasos.


Señor, date prisa en ayudarme.

El me puso en la boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos se conmovieron al ver esto
y confiaron también en el Señor.


Señor, date prisa en ayudarme.

A mí, tu siervo, pobre y desdichado,
no me dejes, Señor, en el olvido.
Tú eres quien me ayuda y quien me salva;
no te tardes, Dios mío.


Señor, date prisa en ayudarme.

Segunda Lectura
Lectura de la carta a los hebreos (12, 1-4)

Hermanos: Rodeados, como estamos, por la multitud de antepasados nuestros, que dieron prueba de su fe, dejemos todo lo que nos estorba; librémonos del pecado que nos ata, para correr con perseverancia la carrera que tenemos por delante, fija la mirada en Jesús, autor y consumador de nuestra fe. El, en vista del gozo que se le proponía, aceptó la cruz, sin temer su ignominia, y por eso está sentado a la derecha del trono de Dios.
Mediten, pues, en el ejemplo de aquel que quiso sufrir tanta oposición de parte de los pecadores, y no se cansen ni pierdan el ánimo, porque todavía no han llegado a derramar su sangre en la lucha contra el pecado.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (12, 49-53)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega!
¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Décimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del libro de la Sabiduría (18, 6-9)

La noche de la liberación pascual fue anunciada con anterioridad a nuestros padres, para que se confortaran al reconocer la firmeza de las promesas en que habían creído.
Tu pueblo esperaba a la vez la salvación de los justos y el exterminio de sus enemigos. En efecto, con aquello mismo con que castigaste a nuestros adversarios nos cubriste de gloria a tus elegidos.
Por eso, los piadosos hijos de un pueblo justo celebraron la Pascua en sus casas, y de común acuerdo se impusieron esta ley sagrada, de que todos los santos participaran por igual de los bienes y de los peligros. Y ya desde entonces cantaron los himnos de nuestros padres.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 32

Dichoso el pueblo escogido por Dios.

Que los justos aclamen al Señor;
es propio de los justos alabarlo.
Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
dichoso el pueblo que eligió por suyo.


Dichoso el pueblo escogido por Dios.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida.


Dichoso el pueblo escogido por Dios.

En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
puesto que en ti, Señor, hemos confiado.


Dichoso el pueblo escogido por Dios.

Segunda Lectura
Lectura de la carta a los hebreos (11, 1-2. 8-19)

Hermanos: La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven. Por ella fueron alabados nuestro mayores.
Por su fe, Abraham, obediente al llamado de Dios, y sin saber a dónde iba, partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia. Por la fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, en tiendas de campaña, como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa después de él. Porque ellos esperaban la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Por su fe, Sara, aun siendo estéril y a pesar de su avanzada edad, pudo concebir un hijo, porque creyó que Dios habría de ser fiel a la promesa; y así, de un solo hombre, ya anciano, nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como las arenas del mar.
Todos ellos murieron firmes en la fe. No alcanzaron los bienes prometidos, pero los vieron y los saludaron con gozo desde lejos. Ellos reconocieron que eran extraños y peregrinos en la tierra. Quienes hablan así, dan a entender claramente que van en busca de una patria; pues si hubieran añorado la patria de donde habían salido, habrían estado a tiempo de volver a ella todavía. Pero ellos ansiaban una patria mejor: la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza de ser llamado su Dios, pues les tenía preparada una ciudad.
Por su fe, Abraham, cuando Dios le puso una prueba, se dispuso a sacrificar a Isaac, su hijo único, garantía de la promesa, porque Dios le había dicho: De Isaac nacerá la descendencia que ha de llevar tu nombre. Abraham pensaba, en efecto, que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos; por eso le fue devuelto Isaac, que se convirtió así en un símbolo profético.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Estén preparados, porque no saben a qué hora va a venir el Hijo del hombre.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (12, 32-48)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino. Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde está su tesoro, ahí estará su corazón.
Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos.
Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre”.
Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?” El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si este siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los criados y a las criadas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada, llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte que a los hombres desleales.
El servidor que, conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le da, se le exigirá mucho, y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.