Lecturas – Décimotercer Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del primer libro de los Reyes (19, 16. 19-21)

En aquellos tiempos, el Señor le dijo a Elías: “Unge a Eliseo, el hijo de Safat, originario de Abel-Mejolá, para que sea profeta en lugar tuyo”.
Elías partió luego y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él trabajaban doce yuntas de bueyes y él trabajaba con la última. Elías pasó junto a él y le echó encima su manto. Entonces Eliseo abandonó sus bueyes, corrió detrás de Elías y le dijo: “Déjame dar a mis padres el beso de despedida y te seguiré”. Elías le contestó: “Ve y vuelve, porque bien sabes lo que ha hecho el Señor contigo”.
Se fue Eliseo, se llevó los dos bueyes de la yunta, los sacrificó, asó la carne en la hoguera que hizo con la madera del arado y la repartió a su gente para que se la comieran. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 15

Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio.
Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor.
El Señor es la parte que me ha tocado en herencia:
mi vida está en sus manos.


Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor
y con él a mi lado, jamás tropezaré.


Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Por eso se me alegran el corazón y el alma
y mi cuerpo vivirá tranquilo,
porque tú no me abandonarás a la muerte
ni dejarás que sufra yo la corrupción.


Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Enséñame el camino de la vida,
sáciame de gozo en tu presencia
y de alegría perpetua junto a ti.


Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los gálatas (5, 1. 13-18))

Hermanos: Cristo nos ha liberado para que seamos libres. Conserven, pues, la libertad y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud. Su vocación, hermanos, es la libertad. Pero cuiden de no tomarla como pretexto para satisfacer su egoísmo; antes bien, háganse servidores los unos de los otros por amor. Porque toda la ley se resume en un solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pues si ustedes se muerden y devoran mutuamente, acabarán por destruirse.
Los exhorto, pues, a que vivan de acuerdo con las exigencias del Espíritu; así no se dejarán arrastrar por el desorden egoísta del hombre. Este desorden está en contra del Espíritu de Dios, y el Espíritu está en contra de ese desorden. Y esta oposición es tan radical, que les impide a ustedes hacer lo que querrían hacer. Pero si los guía el Espíritu, ya no están ustedes bajo el dominio de la ley.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Habla, Señor, que tu siervo te escucha. Tú tienes palabras de vida eterna.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (9, 51-62)

Gloria a ti, Señor.

Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?” Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió.
Después se fueron a otra aldea. Mientras iban de camino, alguien le dijo a Jesús: “Te seguiré a donde quiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.
A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ve y anuncia el Reino de Dios”.
Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Décimosegundo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Zacarías (12, 10-11; 13, 1)

Esto dice el Señor: “Derramaré sobre la descendencia de David y sobre los habitantes de Jerusalén, un espíritu de piedad y de compasión y ellos volverán sus ojos hacia mí, a quien traspasaron con la lanza. Harán duelo, como se hace duelo por el hijo único y llorarán por él amargamente, como se llora por la muerte del primogénito.
En ese día será grande el llanto en Jerusalén, como el llanto en la aldea de Hadad-Rimón, en el valle de Meguido”.
En aquel día brotará una fuente para la casa de David y los habitantes de Jerusalén, que los purificará de sus pecados e inmundicias.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 62

Señor, mi alma tiene sed de ti.

Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco;
de ti sedienta está mi alma.
Señor, todo mi ser te añora
como el suelo reseco añora el agua.


Señor, mi alma tiene sed de ti.

Para admirar tu gloria y tu poder,
con este afán te busco en tu santuario.
Pues mejor es tu amor que la existencia;
siempre, Señor, te alabarán mis labios.


Señor, mi alma tiene sed de ti.

Podré así bendecirte mientras viva
y levantar en oración mis manos.
De lo mejor se saciará mi alma.
Te alabaré con jubilosos labios.


Señor, mi alma tiene sed de ti.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los gálatas (3, 26-29)

Hermanos: Todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, pues, cuantos han sido incorporados a Cristo por medio del bautismo, se han revestido de Cristo. Ya no existe diferencia entre judíos y no judíos, entre esclavos y libres, entre varón y mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús. Y si ustedes son de Cristo, son también descendientes de Abraham y la herencia que Dios le prometió les corresponde a ustedes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (9, 18-24)

Gloria a ti, Señor.

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”.
El les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. El les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.
Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.
Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Décimoprimer Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del segundo libro de Samuel (12, 7-10. 13)

En aquellos días, dijo el profeta Natán al rey David: “Así dice el Dios de Israel: ‘Yo te consagré rey de Israel y te libré de las manos de Saúl, te confié la casa de tu señor y puse sus mujeres en tus brazos; te di poder sobre Judá e Israel, y si todo esto te parece poco, estoy dispuesto a darte todavía más.
¿Por qué, pues, has despreciado el mandato del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? Mataste a Urías, el hitita, y tomaste a su esposa por mujer. A él lo hiciste morir por la espada de los amonitas. Pues bien, la muerte por espada no se apartará nunca de tu casa, pues me has despreciado, al apoderarte de la esposa de Urías, el hitita, y hacerla tu mujer’ ”.
David le dijo a Natán: “¡He pecado contra el Señor!” Natán le respondió: “El Señor te perdona tu pecado. No morirás”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 31

Perdona, Señor, nuestros pecados.

Ante el Señor reconocí mi culpa,
no oculté mi pecado.
Te confesé, Señor, mi gran delito
y tú me has perdonado.


Perdona, Señor, nuestros pecados.

Por eso, en el momento de la angustia,
que todo fiel te invoque,
y no lo alcanzarán las grandes aguas,
aunque éstas se desborden.


Perdona, Señor, nuestros pecados.

Alégrense con el Señor y regocíjense
los justos todos,
y todos los hombres de corazón sincero
canten de gozo.


Perdona, Señor, nuestros pecados.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los gálatas (2, 16. 19-21)

Hermanos: Sabemos que el hombre no llega a ser justo por cumplir la ley, sino por creer en Jesucristo. Por eso también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en Cristo y no por cumplir la ley. Porque nadie queda justificado por el cumplimiento de la ley.
Por la ley estoy muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo. Vivo, pero ya no soy yo el que vive,es Cristo quien vive en mí. Pues mi vida en este mundo la vivo en la fe que tengo en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí. Así no vuelvo inútil la gracia de Dios, pues si uno pudiera ser justificado por cumplir la ley, Cristo habría muerto en vano.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dios nos amó y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (7, 36 – 8,3)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies, los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.
Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: “Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora”.
Entonces Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El fariseo contestó: “Dímelo, Maestro”. El le dijo: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” Simón le respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.
Entonces Jesús le dijo: “Haz juzgado bien”. Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama”. Luego le dijo a la mujer: “Tus pecados te han quedado perdonados’’.
Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: “¿Quién es éste, que hasta los pecados perdona?” Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”.
Después de esto, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Décimo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Primera Lectura
Lectura del primer libro de los Reyes (17, 17-24)

En aquellos días, cayó enfermo el hijo de la dueña de la casa en la que se hospedaba Elías. La enfermedad fue tan grave, que el niño murió. Entonces la mujer le dijo a Elías: “¿Qué te he hecho yo, hombre de Dios? ¿Has venido a mi casa para que recuerde yo mis pecados y se muera mi hijo?”
Elías le respondió: “Dame acá a tu hijo”. Lo tomó del regazo de la madre, lo subió a la habitación donde él dormía y lo acostó sobre el lecho. Luego clamó al Señor: “Señor y Dios mío, ¿es posible que también con esta viuda que me hospeda te hayas irritado, haciendo morir a su hijo?”
Luego se tendió tres veces sobre el niño y suplicó al Señor, diciendo: “Devuélvele la vida a este niño”. El Señor escuchó la súplica de Elías y el niño volvió a la vida.
Elías tomó al niño, lo llevó abajo y se lo entregó a su madre, diciendo: “Mira, tu hijo está vivo”. Entonces la mujer dijo a Elías: “Ahora sé que eres un hombre de Dios y que tus palabras vienen del Señor”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 29

Te alabaré, Señor, eternamente.

Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste.


Te alabaré, Señor, eternamente.

Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
y en la mañana, el júbilo.


Te alabaré, Señor, eternamente.

Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.


Te alabaré, Señor, eternamente.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los gálatas (1, 11-19)

Hermanos: Les hago saber que el Evangelio que he predicado, no proviene de los hombres, pues no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
Ciertamente ustedes han oído hablar de mi conducta anterior en el judaísmo, cuando yo perseguía encarnizadamente a la Iglesia de Dios, tratando de destruirla; deben saber que me distinguía en el judaísmo, entre los jóvenes de mi pueblo y de mi edad, porque los superaba en el celo por las tradiciones paternas.
Pero Dios me había elegido desde el seno de mi madre, y por su gracia me llamó. Un día quiso revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos. Inmediatamente, sin solicitar ningún consejo humano y sin ir siquiera a Jerusalén para ver a los apóstoles anteriores a mí, me trasladé a Arabia y después regresé a Damasco.
Al cabo de tres años fui a Jerusalén, para ver a Pedro y estuve con él quince días. No vi a ningún otro de los apóstoles, excepto a Santiago, el pariente del Señor.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (7, 11-17)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.
Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Acercándose al ataúd, lo tocó y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo Jesús: “Joven, yo te lo mando: levántate”. Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.
Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”.
La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Moniciones XIII Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días): Tengan todos [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos a este Décimo segundo domingo de tiempo ordinario. Cristo, como los profetas, nos invita a seguirle. Nuestro camino no es fácil. Para seguir a Cristo el único camino hacia la libertad perfecta es la Cruz.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
La primera lectura tomada del libro primero de los Reyes, nos narra la vocación de Eliseo es semejante a cualquier llamada de Dios. Eliseo respondió a su vocación y continuó la misión de Elías.
 
MONICION SEGUNDA LECTURA
En la segunda lectura, San Pablo dice a los Gálatas que hay que ser libres por amor y que ese amor nos lleva a ser esclavos de los hermanos. El amor a los hermanos nos hace libres y nos empuja a servir a los hermanos con entrega y pasión

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Movidos por el Espíritu oremos al Padre. Digamos:
Señor bendice a tu pueblo”
 
Por el Papa Francisco, por los obispos, presbíteros y diáconos para que nunca les falte la Gracia de Dios y amor para todos los hermanos. Roguemos al Señor.
Señor bendice a tu pueblo 

Por los gobernantes de las naciones: para que fomenten el diálogo, el entendimiento y la solidaridad con los más pobres… Roguemos al Señor.
Señor bendice a tu pueblo

Por la paz en el mundo, para que desaparezcan las guerras y el terrorismo y que, como decía el Profeta Isaías, las lanzas se conviertan en podaderas. Roguemos al Señor.
Señor bendice a tu pueblo

Por los emigrantes, los exiliados, los que no tienen casa y aquellos, que por cualquier causa, estén lejos de sus familias…. Roguemos al Señor
Señor bendice a tu pueblo 

Por nosotros: para que con espíritu de pobreza, el Señor Jesús nos conceda crecer en nuestra fe y caridad…Roguemos al Señor.
Señor bendice a tu pueblo

Celebrante:
Derrama, Señor, tus bendiciones sobre las oraciones de tus fieles, y haz que siguiendo a Jesús seamos sus testigos ante el mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén

Moniciones XII Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días): Tengan todos [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos a este Decimo segundo domingo de tiempo ordinario. Cristo nos invita a admitir que somos los discípulos de un Mesías doliente. Nos invita, a tomar nuestra cruz cada día y seguir detrás de Él. En esta celebración el Señor quiere derramar su gracia para ayudarnos en nuestro diario peregrinar.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
El profeta Zacarías anuncia el perdón de Dios y un espíritu de gracias sobre todo los habitantes de Jerusalén. Esta lectura nos invita a aceptar con resignación la cruz de cada día.

MONICION SEGUNDA LECTURA
En su carta a los Gálatas, San Pablo nos dice que la fe en Cristo nos justifica ante Dios. Por ella y por nuestro bautismo somos constituidos hijos de Dios. No hay distinciones entre nosotros, somos uno en el Espíritu.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Hermanos, dirijamos a Dios nuestras oraciones, y sabiendo que Cristo intercede por nosotros digamos con confianza:. Digamos Juntos: Escucha, Señor, nuestra oración.

Por el papa N. y por todos los obispos de la Iglesia católica, por los sacerdotes y ministros que le asisten en el servicio del pueblo de Dios: para que apacienten santamente el rebaño a ellos confiado. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por los responsables del gobierno de las naciones: para que escuchen el llamado de Dios y fomenten siempre la paz y el desarrollo integral para todos, y respeten la justicia y la libertad.. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por todos los seres humanos del mundo que padecen hambre o enfermedad, los migrantes, los desterrados, los desempleados, los privados de libertad, y por todos los que sufren: para que sientan el auxilio y el consuelo de Dios. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Para que los que seguimos a Cristo nos neguemos a nosotros mismos y gastemos nuestra vida en el servicio a los más pobres y necesitados. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Para que revestidos de Cristo promovamos una nueva evangelización cada vez más creíble… Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Celebrante: Escucha, Señor, las oraciones que con confianza te dirige tu Iglesia, y haz que los que te invocan nunca queden defraudados. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amen

Moniciones XI Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días): Tengan todos [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos. La Palabra bíblica de este Decimo primer domingo de tiempo ordinario nos viene a hablar de la Misericordia de Dios que perdona al pecador arrepentido, representado en David, como escucharemos en la primera lectura y en la mujer, sin nombre, del Evangelio. Esta misericordia de Dios se manifiesta en la predilección de Cristo por los marginados.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
Nuestra primera lectura procede del Libro Segundo de Samuel donde el profeta Natán trasmite el mensaje de Dios sobre el pecado del Rey David. Pero David se arrepintió y de la generosidad del Señor llegó el perdón.

MONICION SEGUNDA LECTURA
El apóstol san Pablo, en la segunda lectura –que procede de la Carta a los Gálatas—nos habla de la doctrina de la justificación.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante:
Sabiendo que Dios nos ama como somos y que nos ofrece su perdón, oremos Digamos con fe: Señor, acompáñanos en la vida.
 
Por el Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos y fieles de la Iglesia para que escuchemos la voz de Dios y guardemos su alianza. Roguemos al Señor.
Señor, acompáñanos en la vida.

Por los marginados sociales, como la mujer pecadora, para que encuentren en todos nosotros la ayuda que necesitan para rehacer sus vidas. Roguemos al Señor.
Señor, acompáñanos en la vida.

Por los matrimonios rotos, por los niños abandonados, por los que viven en la calle: para que a todos les llegue la unidad, el consuelo y la ayuda que necesitan. Roguemos al Señor.
Señor, acompáñanos en la vida.

Por aquellas ovejas descarriadas, para reciban la ayuda de aquellos que vienen en nombre de Dios. Roguemos al Señor.
Señor, acompáñanos en la vida.
 
Por los enfermos y agonizantes: para que la misericordia y el perdón de Dios se manifieste en sus vidas… Roguemos al Señor.
Señor, acompáñanos en la vida.

Celebrante:
Te lo pedimos por Jesucristo que vive en nosotros, que nos amó y se entregó por nuestra salvación.
Amen.

Moniciones X Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

MONICIONES DE ENTRADA
Muy buenas (tardes, noches, días): Tengan todos [Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Sean todos bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en este Decimo Domingo del Tiempo Ordinario. Hoy Jesús se muestra como nuestro salvador, pues nos cura de las enfermedades, perdona los pecados, expulsa los demonios y resucita los muertos. En esta eucaristía, pidamos que nos dé la luz para seguir el camino que nos ha enseñado en su Evangelio de vida.

Nos ponemos de pie por favor y con espíritu humilde y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a los servidores de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA
Escucharemos un pasaje tomado del primer libro de los reyes. Elías habla y actúa en nombre de Dios y pide que devuelva la vida a la hija de la pobre viuda en Sarepta. Abramos bien el oído para captar y entender este mensaje.

 MONICION SEGUNDA LECTURA
Al estilo de los grandes profetas (Isaías, Jeremías y Ezequiel), san Pablo respalda la autenticidad de su misión narrando su vocación, que implica la conversión, la elección, y la misión. Todo es obra del amor de Dios.

ORACION DE LOS FIELES
Celebrante: Nuestro Dios es un Dios compasivo y misericordioso, por eso invoquémosle con fe. Digamos: ¡Ten compasión de tu pueblo, Señor!

Por la Santa Iglesia de Dios. Para que comunique a todos la alegría del encuentro con Cristo vivo y Resucitado.  Roguemos al Señor.
¡Ten compasión de tu pueblo, Señor!

Para que nuestros pastores encarnen el rostro misericordioso de Dios… Roguemos al Señor.
¡Ten compasión de tu pueblo, Señor!

Para que el Señor llame a muchos jóvenes a su seguimiento, y para que le sirvan en sus hermanos más necesitados. Roguemos al Señor.
¡Ten compasión de tu pueblo, Señor!

Para que las madres que lloran la muerte de sus hijos encuentren consuelo en la esperanza de la vida eterna. Roguemos al Señor.
¡Ten compasión de tu pueblo, Señor!

Para que en nuestras vidas se manifieste la vida que Cristo nos da con su Pan y su Palabra. Roguemos al Señor.
¡Ten compasión de tu pueblo, Señor!

Celebrante:
Escucha, Señor, los ruegos que tu Iglesia te dirige en este domingo y, ya que confiamos en tu misericordia, haz que no quedemos defraudados los que ponemos en Ti nuestra confianza. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén