Moniciones XXVI Domingo del Tiempo Ordinario – CICLO B

MONICIONES DE ENTRADA

Bienvenidos hermanos y hermanas a la celebración de la Eucaristía en este Vigésimo sexto domingo del tiempo ordinario. Los hijos de Dios venimos a celebrar con gozo el amor que redime, llena y salva, el amor de Dios. Demos gracias al Espíritu que nos ha traído a su casa, estemos atentos a la Palabra que vamos a proclamar, y dejémonos inundar por la presencia serena y amorosa del Señor Jesús.
Los invito para que se pongan de pie y comencemos nuestra fe con el canto de entrada y recibamos a los ministros de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA

Dios comunica su Espíritu a Moisés y a todo el pueblo. Qué magnífico sería si todo el pueblo de Dios acogiera su Espíritu. Qué magnífico si todo el pueblo de Dios profetizara. Qué magnífico si todo el pueblo del Pilar se abriera al Espíritu de Dios. Dios no es tacaño en sus dones.

MONICION SEGUNDA LECTURA

El apostol Santiago sigue denunciando las injusticias de los ricos, la avaricia de los que sólo viven para las cosas que pasan y la crueldad de los poderosos. Dios no es sordo a los gritos de dolor de sus hijos. Dios nos escucha.

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
El Espíritu de Dios está con nosotros y por eso podemos orar confiadamente. Digamos juntos:
Te rogamos, óyenos.

Por nuestra Santa Iglesia Catolica que hace presente el misterio del amor en el mundo del dolor. Que sea mensajera de esperanza, haciendo llegar a todos el consuelo y la felicidad de Dios. Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.

Por nuestro Santo Padre el Papa Francisco, nuestro obispo Peter, por sus Obispos auxiliares y demás Obispos para que cumplan fielmente la misión confiada por Dios en sus Iglesias particulares, para que Dios le asista siempre con su Espíritu en su misión de Pastor fieles a la Iglesia universal. Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.

Por los ancianos especialmente los abandonados por sus propios familiares. Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.

Por aquellos jóvenes que viven en familias dividas, en ambientes de riesgo o en situaciones difíciles, para que, en esos sufrimientos, la luz de la fe les haga madurar y desde ahí puedan ser luz para otros. Roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.

Oremos para que el Señor conceda a su Iglesia la alegría del don de las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada a nuestra Iglesia Diocesana y universal. Roguemos al Señor
Te rogamos, óyenos.

Celebrante:
Te rogamos, Señor, que escuches a tus hijos, bendigas a tu Iglesia, y que un día nos des a todos tu vida eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

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Moniciones XXV del Tiempo Ordinario- Ciclo B

MONICIONES DE ENTRADA

Bienvenidos hermanos y hermanas a la celebración de la Eucaristía en este Vigésimo quinto domingo del tiempo ordinario. Ser un buen cristiano no es fácil. Una persona justa es siempre un silencioso reproche de aquellos que no lo son. También vivir según Dios es morir, pero la muerte del cristiano es nacer a una vida sin término, es resucitar. Tomemos fuerza en esta Eucaristía para seguir a Cristo.
Los invito para que se pongan de pie y comencemos nuestra fe con el canto de entrada y recibamos a los ministros de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA

El autor del libro de la Sabiduría nos reproduce los sentimientos y actitudes de los impíos frente a los justos y su forma de actuar. Los que tienen el conocimiento de Dios y su conducta sin reproche, muchas veces sufren. Esta lectura nos describe la pasión de Cristo.

MONICION SEGUNDA LECTURA

En toda comunidad hay luchas y tensiones. El apostol Santiago nos dice que las envidias, el desorden y las peleas son frutos de la falsa sabiduría. El cristiano verdadero, con la gracia de Dios, practica las buenas obras, en especial la paz, la justicia, la reconciliación y la misericordia.

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
Invoquemos con confianza filial a nuestro Padre del cielo y, sabiendo que Él siempre nos escucha, digámosle juntos:
Padre, Escúchanos.

Por el Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos, por todo el pueblo santo de Dios: para que anunciemos sin cesar la buena nueva del Evangelio. Roguemos al Señor.
Padre, Escúchanos.

Por todas las naciones y sus gobernantes, por todos los que de distintos modos trabajan por la justicia, la libertad y la paz. Roguemos al Señor.
Padre, Escúchanos.

Para que en nuestra Capellania y en nuestra comunidad reine el amor y la fraternidad y se destierre la rivalidad, la envidia, y toda clase de males. Roguemos al Señor.
Padre, Escúchanos.

Por las personas que sufren en las guerras, los secuestrados, los presos, por las mujeres maltratadas y explotadas, y por los todos los enfermos mentales, y emocionales. Roguemos al Señor.
Padre, Escúchanos.

Oremos para que haya jóvenes que se sientan llamados a seguir a Jesús pobre, casto, obediente; y a servirlo en los hermanos a través de los diversos carismas que el Espíritu Santo suscita en su Iglesia. Roguemos al Señor.
Padre, Escúchanos.

Celebrante:
Te rogamos escuches las súplicas de tus fieles y hagas crecer en ellos la fe, la esperanza y el amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Moniciones XXIV Domingo del Tiempo Ordinario- Ciclo B

MONICIONES DE ENTRADA

Bienvenidos hermanos y hermanas a la celebración de la Eucaristía en este Vigésimo cuarto domingo del tiempo ordinario A nadie le gusta sufrir, sin embargo, todos sabemos que el sufrimiento forma parte de nuestra vida. Por su conocimiento de la Biblia, especialmente de los cantos del siervo de Yavé, Jesús sabía que Él tendría que seguir el paso liberador de la cruz y de ese modo poner en práctica el plan del Padre.
Los invito para que se pongan de pie y comencemos nuestra fe con el canto de entrada y recibamos a los ministros de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA

Este texto es el tercero de los cuatro poemas del “siervo de Dios”. Esta figura paciente trabaja sin desmayo en su misión dolorosa, expuesto a la injuria y la violencia de los hombres. Como Elías caminemos a la montaña de Dios.

MONICION SEGUNDA LECTURA

El apostol Santiago, en la segunda lectura de hoy nos recuerda que la fe sin obras es una fe muerta. El Apóstol nos invita a mantener una fe viva, activa, fecunda en frutos de amor y en obras de bien al prójimo.

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
Invoquemos a Dios que nos ha dado a Cristo su Hijo como Redentor nuestro y digámosle:
Ayúdanos, Señor, con tu gracia.

Por el Papa, Oh Dios mira con misericordia a Francisco, nuestro Papa, escucha nuestra oración, y concédele al sucesor de Pedro que sea para tu pueblo fuente viva y base firme de unidad en la fe y en la comunión. Roguemos al Señor.
Ayúdanos, Señor, con tu gracia.

Por nuestros gobernantes. Por los jefes de las naciones, para que busquen la voluntad divina, teman a Dios en el cumplimiento de su misión y acierten en sus decisiones, para el bien de los más necesitados. Roguemos al Señor.
Ayúdanos, Señor, con tu gracia.

Por los matrimonios, para que con la ayuda del Espíritu Santo sean más fuertes que cualquier debilidad y cualquier crisis. Por la armonía en el hogar, la unión y la santidad. Roguemos al Señor.
Ayúdanos, Señor, con tu gracia.

Por los adolescentes que atraviesan tantos peligros, por los que consumen alcohol y drogas, por los que son inducidos a la violencia, a la homosexualidad, al robo y al asesinato; al suicidio y al satanismo. Roguemos al Señor.
Ayúdanos, Señor, con tu gracia.

Por las familias, elegidas por Dios para transmitir la fe a la próxima generación, para que impulsadas por la esperanza y el amor de Jesús, puedan ejercer su misión de engendrar vocaciones para el Cielo. Roguemos al Señor.
Ayúdanos, Señor, con tu gracia.

Celebrante:
Ten piedad de tu pueblo, Señor, y escucha sus oraciones que surgen de un corazón que quiere amarte y servirte. Te lo pedimos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Moniciones XXIII Domingo del Tiempo Ordinario- Ciclo B

 MONICIONES DE ENTRADA

Bienvenidos hermanos y hermanas a la celebración de la Eucaristía en este Vigésimo tercer domingo del tiempo ordinario. Hermanos y hermanas en Cristo. Las lecturas de hoy delatan la predilección de Dios por los pobres, los marginados y enfermos. En la sanación del sordo mudo por parte de Jesús comienza a realizarse la esperanza mesiánica de los pobres tal como lo anunciaba ocho siglos antes de Cristo el primer Isaías.
Los invito para que se pongan de pie y comencemos nuestra fe con el canto de entrada y recibamos a los ministros de esta celebración eucarística y a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA

La primera lectura que escucharemos está tomada del Profeta Isaías, quien viene a hablarnos sobre los tiempos después del exilio. Dios ayudará a los más desamparados, ofreciéndoles su curación y su compasión. Escuchemos bien, hermanos y hermanas, porque en el Evangelio Cristo está realizando esas mismas obras de misericordia.

MONICION SEGUNDA LECTURA

El apostol Santiago, en esta lectura insiste en que el cristiano no debe hacer acepción de personas: los pobres, los desvalidos, los desamparados, los débiles son los preferidos de Dios. La asamblea litúrgica debe ser la expresión del espíritu de pobreza, de respeto a todos y de fe.

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
Dios no hace acepción de personas y nos escucha con afecto y ternura cuando lo invocamos llamándolo Padre. Por eso, oremos por todo el mundo diciendo:
Señor, acrecienta nuestro amor.

Por la Santa Iglesia de Dios esparcida por todo el mundo y reunida de una manera especial el domingo, día del Señor: para que volvamos a nacer todos a una vida de justicia, de libertad, de amor y de paz. Oremos con fe.
Señor, acrecienta nuestro amor.

Por nuestro Santo Padre Francisco, y por la santidad de los Obispos, los sacerdotes, por las vocaciones, los seminaristas, los laicos comprometidos. Por los sacerdotes que han caído en la tentación. Por las persecuciones de la iglesia y por todas sus necesidades económicas y vocacionales. Oremos con fe.
Señor, acrecienta nuestro amor.

Por todas las naciones del mundo, para que los que tienen en sus manos las decisiones políticas, económicas y sociales, obren con justicia y rectitud y que reine en ellos la hermandad universal que Cristo nos ha traído. Oremos con fe.
Señor, acrecienta nuestro amor.

Por los pobres, por los marginados, por los enfermos, los solitarios y los abandonados; por los prisioneros, los desterrados, los perseguidos y los que sufren los horrores de la guerra y del terrorismo: para que a todos ellos, les llegue nuestro consuelo y sientan más cerca el amor y la paz… Oremos con fe.
Señor, acrecienta nuestro amor.

Por nosotros que celebramos esta Eucaristía; por los que no han podido o no han querido venir para que todos juntos esperemos la llegada del reino definitivo que Jesús nos a prometido. Oremos con fe.
Señor, acrecienta nuestro amor.

Celebrante:
Escucha, Padre, nuestras oraciones, colma de tus bienes a los que te buscan y a todos danos tu paz y tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Lecturas – Vigésimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Primera Lectura
Lectura del libro de los Números (11, 25-29)

En aquellos días, el Señor descendió de la nube y habló con Moisés. Tomó del espíritu que reposaba sobre Moisés y se lo dio a los setenta ancianos. Cuando el espíritu se posó sobre ellos, se pusieron a profetizar.
Se habían quedado en el campamento dos hombres: uno llamado Eldad y otro, Medad. También sobre ellos se posó el espíritu, pues aunque no habían ido a la reunión, eran de los elegidos y ambos comenzaron a profetizar en el campamento.
Un muchacho corrió a contarle a Moisés que Eldad y Medad estaban profetizando en el campamento. Entonces Josué, hijo de Nun, que desde muy joven era ayudante de Moisés, le dijo: “Señor mío, prohíbeselo”. Pero Moisés le respondió: “¿Crees que voy a ponerme celoso? Ojalá que todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre todos ellos el espíritu del Señor”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 18

Los mandamientos del Señor alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta del todo
y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo.


Los mandamientos del Señor alegran el corazón.

La voluntad de Dios es santa
y para siempre estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.


Los mandamientos del Señor alegran el corazón.

Aunque tu servidor se esmera
en cumplir tus preceptos con cuidado,
¿quién no falta, Señor, sin advertirlo?
Perdona mis errores ignorados.


Los mandamientos del Señor alegran el corazón.

Presérvame, Señor, de la soberbia,
no dejes que el orgullo me domine;
así, del gran pecado
tu servidor podrá encontrarse libre.


Los mandamientos del Señor alegran el corazón.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol Santiago (5, 1-6)

Lloren y laméntense, ustedes, los ricos, por las desgracias que les esperan. Sus riquezas se han corrompido; la polilla se ha comido sus vestidos; enmohecidos están su oro y su plata, y ese moho será una prueba contra ustedes y consumirá sus carnes, como el fuego. Con esto ustedes han atesorado un castigo para los últimos días.
El salario que ustedes han defraudado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando contra ustedes; sus gritos han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos. Han vivido ustedes en este mundo entregados al lujo y al placer, engordando como reses para el día de la matanza. Han condenado a los inocentes y los han matado, porque no podían defenderse.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad; santifícanos en la verdad.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos (9, 38-43. 45. 47-48)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Juan le dijo a Jesús: “Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos”. Pero Jesús le respondió: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor.
Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa.
Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.
Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Primera Lectura
Lectura del libro de la Sabiduría (2, 12. 17-20)

Los malvados dijeron entre sí:
“Tendamos una trampa al justo, porque nos molesta y se opone a lo que hacemos; nos echa en cara nuestras violaciones a la ley, nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados.
Veamos si es cierto lo que dice, vamos a ver qué le pasa en su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos. Sometámoslo a la humillación y a la tortura, para conocer su temple y su valor.
Condenémoslo a una muerte ignominiosa, porque dice que hay quien mire por él”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 53

El Señor es quien me ayuda.

Sálvame, Dios mío,
por tu nombre;
con tu poder defiéndeme.
Escucha, Señor, mi oración
y a mis palabras atiende.


El Señor es quien me ayuda.

Gente arrogante y violenta
contra mí se ha levantado.
Andan queriendo matarme.
¡Dios los tiene sin cuidado!


El Señor es quien me ayuda.

Pero el Señor Dios es mi ayuda,
él, quien me mantiene vivo.
Por eso te ofreceré con agrado un sacrificio,
y te agradeceré, Señor, tu inmensa bondad conmigo.


El Señor es quien me ayuda.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol Santiago (3, 16—4, 3)

Hermanos míos: Donde hay envidias y rivalidades, ahí hay desorden y toda clase de obras malas. Pero los que tienen la sabiduría que viene de Dios son puros, ante todo. Además, son amantes de la paz, comprensivos, dóciles, están llenos de misericordia y buenos frutos, son imparciales y sinceros. Los pacíficos siembran la paz y cosechan frutos de justicia.
¿De dónde vienen las luchas y los conflictos entre ustedes? ¿No es, acaso, de las malas pasiones, que siempre están en guerra dentro de ustedes?
Ustedes codician lo que no pueden tener y acaban asesinando. Ambicionan algo que no pueden alcanzar, y entonces combaten y hacen la guerra. Y si no lo alcanzan, es porque no se lo piden a Dios. O si se lo piden y no lo reciben, es porque piden mal, para derrocharlo en placeres.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dios nos ha llamado, por medio del Evangelio, a participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos (9, 30-37)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará”. Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones.
Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?” Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Vigésimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (50, 5-9)

En aquel entonces, dijo Isaías:
“El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado.
Cercano está de mí el que me hace justicia, ¿quién luchará contra mí? ¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa?
Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?”

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 114

Caminaré en la presencia del Señor.

Amo al Señor porque escucha
el clamor de mi plegaria,
porque me prestó atención
cuando mi voz lo llamaba.


Caminaré en la presencia del Señor.

Redes de angustia y de muerte
me alcanzaron y me ahogaban.
Entonces rogué al Señor
que la vida me salvara.


Caminaré en la presencia del Señor.

El Señor es bueno y justo,
nuestro Dios es compasivo.
A mí, débil, me salvó
y protege a los sencillos.


Caminaré en la presencia del Señor.

Mi alma libró de la muerte;
del llanto los ojos míos,
y ha evitado que mis pies tropiecen por el camino.
Caminaré ante el Señor por la tierra de los vivos.


Caminaré en la presencia del Señor.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol Santiago (2, 14-18)

Hermanos míos:
¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no lo demuestra con obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?
Supongamos que algún hermano o hermana carece de ropa y del alimento necesario para el día, y que uno de ustedes le dice: “Que te vaya bien; abrígate y come”, pero no le da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué le sirve que le digan eso? Así pasa con la fe; si no se traduce en obras, está completamente muerta.
Quizá alguien podría decir: “Tú tienes fe y yo tengo obras. A ver cómo, sin obras, me demuestras tu fe; yo, en cambio, con mis obras te demostraré mi fe”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos (8, 27-35)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas”.
Entonces él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.
Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.
Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.
Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Vigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (35, 4-7)

Esto dice el Señor: “Digan a los de corazón apocado: ‘¡Animo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos’.
Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará.
Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa. El páramo se convertirá en estanque y la tierra seca, en manantial”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 145

Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor siempre es fiel a su palabra,
y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos
y libera al cautivo.


Alaba, alma mía, al Señor.

Abre el Señor los ojos de los ciegos
y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo
y toma al forastero a su cuidado.


Alaba, alma mía, al Señor.

A la viuda y al huérfano sustenta
y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente,
reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.


Alaba, alma mía, al Señor.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol Santiago (2, 1-5)

Hermanos: Puesto que ustedes tienen fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no tengan favoritismos. Supongamos que entran al mismo tiempo en su reunión un hombre con un anillo de oro, lujosamente vestido, y un pobre andrajoso, y que fijan ustedes la mirada en el que lleva el traje elegante y le dicen: “Tú, siéntate aquí, cómodamente”. En cambio, le dicen al pobre: “Tú, párate allá o siéntate aquí en el suelo, a mis pies”. ¿No es esto tener favoritismos y juzgar con criterios torcidos?
Queridos hermanos, ¿acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo.
Aleluya.

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos (7, 31-37)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. El lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “¡Effetá!” (que quiere decir “¡Abrete!”). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.
El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: “¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.