Moniciones – Solemnidad de Santa María, Madre de Dios – Ciclo B

MONICIONES DE ENTRADA

Queridos hermanos, muy buenas (tardes , noches, días):
[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

!Feliz Año Nuevo! Hermanos en Cristo y María.
Hoy la Iglesia nos presenta a la Madre de Dios en esta fiesta que desde el siglo quinto, fue la primera fiesta mariana de la Iglesia. Por su SI a la voluntad de Dios, María dio a luz a la fuente de la gracia, a la salvación del mundo. Por eso ella es Madre de Dios y Madre de la Iglesia. Ella es símbolo de la comunidad cristiana, en donde los creyentes, encontramos a Cristo
Por favor pongamos de pie y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA

La presencia de Dios en el Antiguo Testamento, fue asociada a su Nombre invocada en bendición. Estamos bendecidos con la presencia de este Dios en nosotros. Aarón nos presenta esta bendición en esta lectura.

MONICION SEGUNDA LECTURA

Dios Padre envió a su Hijo para que podamos ser sus hijos. Cristo nació de María para liberarnos y salvarnos. En esta corta lectura Pablo nos habla sobre María.

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
Al celebrar hoy a Santa María, Madre de Dios, oremos por nosotros y por todos los hombres y mujeres que buscan a Dios y digamos juntos:
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Por el Papa Francisco y por todos los pastores de la Iglesia: para que sean incansables mensajeros de la verdad y testigos de la paz, al servicio del pueblo de Dios. Roguemos al Señor
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Para que el Señor bendiga a su Iglesia, la proteja, y haga que sea, como María, Madre de los creyentes.
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Por las víctimas de la violencia, por los perseguidos, los marginados, los oprimidos: para que se les reconozcan sus derechos de hombres libres y se respete en ellos la imagen del Hijo de Dios, hecho hombre por nosotros. Roguemos al Señor
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Para que María, modelo de mujer y de madre, ayude a todas las mujeres a vivir con dignidad.
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Para que María mantenga unidos a los cristianos y nos ayude a acoger a Jesús en nuestra vida.
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Para que Dios nuestro Señor nos dé un año feliz, alegrándonos con los bienes de la tierra y enriqueciéndonos con los del cielo.
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Celebrante:
Mira a tu Madre, Señor, y escucha nuestras oraciones, y ya que es también nuestra Madre, haz que vivamos siempre bajo su protección para que Ella guíe nuestros pasos hacia Ti. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

Moniciones – Fiesta de La Sagrada Familia

MONICIONES DE ENTRADA

Queridos hermanos, muy buenas (tardes , noches, días):
[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Felicidades a todos en este día de la Sagrada Familia!
Durante este tiempo precioso de Navidad, la Iglesia nos invita a fijarnos en la familia, primera escuela del amor y unidad. Las lecturas nos describen como debe ser una familia cristiana. El Evangelio nos recuerda que aún esta familia tuvo sus momentos de sufrimiento y dolor. Pero unidos pudieron soportar las pruebas.
Por favor pongamos de pie y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA

La primera lectura tomada del libro del Eclesiástico nos presenta un comentario sobre el cuarto mandamiento de Dios. Se nos habla sobre como los hijos deben ser con sus padres. El honrar es parte del deber de hijos

MONICION SEGUNDA LECTURA

En la segunda lectura, San Pablo nos exhorta a mostrar la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión, el amor y la paz de Cristo. El nos dio ejemplo y también la gracia necesaria para poder practicar estas virtudes en nuestras familias

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
Sabiendo que somos hijos de Dios oremos con confianza, diciendo:
Padre Óyenos.

Por la Iglesia: para que el Señor la conserve en la paz, la unidad y el amor Roguemos al Señor.
Padre Óyenos.

Por los cristianos: para que, viviendo el mandamiento del amor, manifestemos al mundo cómo nos ama Dios. Roguemos al Señor.
Padre Óyenos.

Por los que se preparan para el matrimonio: que el amor desinteresado y gratuito selle el vínculo que van a contraer. Roguemos al Señor.
Padre Óyenos.

Por las familias que están divididas, por los esposos que viven en infidelidad, y por los hijos que sufren las consecuencias del desamor: que la intercesión de la Sagrada Familia de Nazaretles alcance la unidad y el perdón. Roguemos al Señor.
Padre Óyenos.

Por los esposos que celebran este año sus bodas de plata, de oro o un aniversario mas, para que nuestro Señor fortalezca su amor y bendiga a toda su familia. Roguemos al Señor.
Padre Óyenos.

Celebrante:
Padre, oye nuestras oraciones, ayúdanos a crecer en gracia y en sabiduría, y haz que vivamos en el amor a Ti y a nuestros hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Moniciones – Solemnidad de la Natividad del Señor – Ciclo B

MONICIONES DE ENTRADA

Queridos hermanos, muy buenas (tardes , noches, días):
[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

En esta noche estamos reunidos en el Señor. Si miramos hacia fuera podemos ver las tinieblas que simbolizan la vida sin Cristo. Nuestro templo está brillante y festivo; nos dice que Cristo es la LUZ y está entre nosotros. Imploremos la misericordia de Dios para que esta noche de fiesta traiga la paz y a la alegría a nuestro pueblo.
Por favor pongamos de pie y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA

El pasaje de Isaías, en su mensaje de hoy, nos habla sobre los tiempos de tinieblas, de miedo, de opresión. Sin embargo, hubo un gran cambio con el nacimiento de un niño que como LUZ en medio de la oscuridad, nos iluminará a todos. Esta luz es Cristo, Dios con nosotros, nuestro Redentor.

MONICION SEGUNDA LECTURA

Cristo se encarna en el mundo para constituirse mediador entre Dios, su Padre y los seres humanos. El Apóstol Pablo, en la cara a Tito, nos invita a cooperar con las gracias del Señor, hasta su retorno..

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
Presentemos hermanos, en esta noche luminosa, nuestras esperanzas y anhelos a Jesucristo, Palabra cumplida del Padre, el Dios con nosotros, y con espíritu de adoración, supliquémosle con confianza, diciendo:
Te Rogamos Señor, Óyenos.

Para que la celebración del Misterio del Amor infinito de Dios, hecho cercanía en su Hijo que ha nacido, haga renacer a la Iglesia y a cada uno de sus Pastores al Evangelio vivido, proclamado y compartido con todos los hombres de buena voluntad. Roguemos al Señor.
Te Rogamos Señor, Óyenos.

Para que en esta noche de paz y de luz, Cristo transforme nuestras tinieblas en bondad, nuestros odios en perdón, y nuestras desesperanzas en posesión del único tesoro. Roguemos al Señor.
Te Rogamos Señor, Óyenos.

Para que Cristo hecho niño enseñe al mundo el poder de la paz, la fuerza de quienes aún creen en el hermano; y la alegría de sabernos amados y acogidos por Dios que viene hasta nosotros. Roguemos al Señor.
Te Rogamos Señor, Óyenos.

Para que aprendamos de la Virgen Madre a recibir a Jesús, para que sepamos entregarlo sin egoísmos, y para que lo hagamos nacer en otras vidas. Roguemos al Señor.
Te Rogamos Señor, Óyenos.

Para que el Señor cure las heridas del cuerpo y del alma a quienes sufren y recordamos en esta Noche santa. Roguemos al Señor.
Te Rogamos Señor, Óyenos.

Para que, al acoger en nuestros corazones al que quiso asumir nuestra debilidad para transformarla en gracia, nos hagamos amor, alegría, comprensión y paz para cuantos nos rodean. Roguemos al Señor.
Te Rogamos Señor, Óyenos.

Celebrante:
Señor, que has querido que tu Hijo se encarnara en nuestra carne para recapitular todas las cosas y salvarnos; atiende por su intercesión cuanto te hemos suplicado, y no dejes de acompañarnos mientras caminamos hacia la plenitud de nuestra historia, donde todos seremos uno en el amor.Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Moniciones – Cuarto Domingo de Adviento – Ciclo B

MONICIONES DE ENTRADA

Queridos hermanos, muy buenas (tardes , noches, días):
[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Buenas noches (días, tardes) hermanos en Cristo. Entramos ya al último domingo de Adviento. La esperanza, por tanto, se realiza en el “SI” de la Virgen en la Anunciación. Celebremos con alegría el misterio de Dios que se nos revelará en la Liturgia de la Palabra y en la acción eucarística de hoy.
Por favor pongamos de pie y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA

La primera lectura tomada del segundo libro de Samuel, nos relata como el Rey David expresa su deseo de construir una casa para Dios. Dios, sin embargo, rechaza la oferta. Promete a David una descendencia real y duradera, de la cual vendrá el Salvador. Los descendientes de David serán la casa en que Dios viva y El mismo la edificará.

MONICION SEGUNDA LECTURA

La segunda lectura que escucharemos a continuación nos presenta la Revelación del misterio de Jesucristo, manifestado en las Escrituras. Este misterio es el plan divino de salvación universal, manifestado ahora en la Encarnación del Hijo de Dios. Jesús es la sabiduría de Dios revelada y en Él damos gloria a Dios.

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
Por intercesión de María, la Madre de Dios y nuestra Madre, oremos al Padre para que escuche la oración de su pueblo que busca la liberación y que espera al Mesías. Digámosle unidos a toda la Iglesia:
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Para que en este tiempo ya cercano a la Navidad, el Espíritu Santo cubra con su sombra a la Iglesia, y haga que su vida comprometida descubra en el mundo la gloria del que viene en nombre del Señor. Roguemos al Señor
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Para que a todos los pueblos de la tierra, en este tiempo de espera del Mesías, se les manifieste su presencia salvadora y su oferta incondicional de liberación. Roguemos al Señor.
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Para que el Señor que viene, libere a los oprimidos, conceda pan a los hambrientos y cuide de los enfermos, huérfanos y abandonados. Roguemos al Señor.
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Para que la venida de Jesús a nuestra tierra, alcance la libertad a los que viven esclavos del pecado, y el consuelo a los que están tristes. Roguemos al Señor.
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Para que Jesús renazca en nuestros corazones, y, como María, sepamos darlo a nuestros hermanos. Roguemos al Señor.
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.

Celebrante:
Oh Dios, que sales a salvar a tu pueblo y no dejas de bendecirlo con tu mano providente; escucha nuestras oraciones y prepara nuestro corazón, para que, siguiendo el ejemplo de María, acojamos a tu Hijo que viene a nuestra tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Lecturas – Solemnidad de Santa María, Madre de Dios – Ciclo B

Primera Lectura
Lectura del libro de los Números (6, 22-27)

En aquel tiempo, el Señor habló a Moisés y le dijo: “Di a Aarón y a sus hijos: ‘De esta manera bendecirán a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor.
Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz’.
Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 66

Ten piedad de nosotros, Señor, y bendícenos.

Ten piedad de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad
y los pueblos tu obra salvadora.


Ten piedad de nosotros, Señor, y bendícenos.

Las naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia;
con equidad tú juzgas a los pueblos
y riges en la tierra a las naciones.


Ten piedad de nosotros, Señor, y bendícenos.

Que te alaben, Señor, todos los pueblos,
que los pueblos te aclamen todos juntos.
Que nos bendiga Dios
y que le rinda honor el mundo entero.


Ten piedad de nosotros, Señor, y bendícenos.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (4, 4-7)

Hermanos: Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacernos hijos suyos.
Puesto que ya son ustedes hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama “¡Abbá!”, es decir, ¡Padre! Así que ya no eres siervo, sino hijo; y siendo hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su hijo.
Aleluya

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (2, 16-21)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa hacia Belén y encontraron a María, a José y al niño, recostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño y cuantos los oían, quedaban maravillados. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.
Los pastores se volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.
Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, aquel mismo que había dicho el ángel, antes de que el niño fuera concebido.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Fiesta de la Sagrada Familia – Ciclo B

Primera Lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide) (3, 3-7. 14-17)

El Señor honra al padre en los hijos y respalda la autoridad de la madre sobre la prole. El que honra a su padre queda limpio de pecado; y acumula tesoros, el que respeta a su madre.
Quien honra a su padre, encontrará alegría en sus hijos y su oración será escuchada; el que enaltece a su padre, tendrá larga vida y el que obedece al Señor, es consuelo de su madre.
Hijo, cuida de tu padre en la vejez y en su vida no le causes tristeza; aunque chochee, ten paciencia con él y no lo menosprecies por estar tú en pleno vigor. El bien hecho al padre no quedará en el olvido y se tomará a cuenta de tus pecados

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 127

Dichoso el que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos:
comerá del fruto de su trabajo,
será dichoso, le irá bien.


Dichoso el que teme al Señor.

Su mujer, como vid fecunda,
en medio de su casa;
sus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de su mesa.


Dichoso el que teme al Señor.

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor: “Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida”.


Dichoso el que teme al Señor.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3, 12-21)

Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.
Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.
Mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, como lo quiere el Señor. Maridos, amen a sus esposas y no sean rudos con ellas. Hijos, obedezcan en todo a sus padres, porque eso es agradable al Señor. Padres, no exijan demasiado a sus hijos, para que no se depriman.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo; que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza.
Aleluya

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (2, 22-40)

Gloria a ti, Señor.

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:
“Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Solemnidad de la Natividad del Señor – Ciclo B

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (9, 1-3. 5-6)

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció.
Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría. Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, como se alegran al repartirse el botín. Porque tú quebrantaste su pesado yugo, la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano, como en el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva sobre sus hombros el signo del imperio y su nombre será: “Consejero admirable”, “Dios poderoso”, “Padre sempiterno”, “Príncipe de la paz”; para extender el principado con una paz sin límites sobre el trono de David y sobre su reino; para establecerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre. El celo del Señor lo realizará.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 95

Hoy nos ha nacido el Salvador.

Cantemos al Señor un canto nuevo,
que le cante al Señor toda la tierra;
cantemos al Señor y bendigámoslo.


Hoy nos ha nacido el Salvador.

Proclamemos su amor día tras día,
su grandeza anunciemos a los pueblos;
de nación en nación, sus maravillas.


Hoy nos ha nacido el Salvador.

Alégrense los cielos y la tierra,
retumbe el mar y el mundo submarino.
Salten de gozo el campo y cuanto encierra,
manifiesten los bosques regocijo.


Hoy nos ha nacido el Salvador.

Regocíjese todo ante el Señor,
porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas
con las que rija a todas las naciones.


Hoy nos ha nacido el Salvador.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito (2, 11-14)

Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres y nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza.
El se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Les anuncio una gran alegría: Hoy nos ha nacido el Salvador, que es Cristo, el Señor.
Aleluya

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (2, 1-14)

Gloria a ti, Señor.

Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.
Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.
De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Moniciones – Tecer Domingo de Adviento – Ciclo B

MONICIONES DE ENTRADA

Queridos hermanos, muy buenas (tardes , noches, días):
[Este es el mejor momento para que apaguemos nuestros teléfonos celulares.]

Hermanos en Cristo bienvenidos a nuestra celebracion eucaristica, la alegría penetra la liturgia de este tercer domingo de Adviento. Nos acercamos a la Navidad y esta cercanía nos lleva a meditar más profundamente en la venida final de Cristo. Nosotros también, al igual que Juan Bautista, hemos sido llamados a predicar el camino del Señor; a preparar nuestros corazones para su llegada en esta liturgia y todas las veces que diariamente viene a nuestra vida.
Por favor pongamos de pie y con mucha alegría entonando el canto de entrada recibamos a nuestro sacerdote celebrante, Padre [….]

MONICION PRIMERA LECTURA

El profeta Isaías, lleno del poder del Espíritu Santo, es enviado a predicar la Buena Nueva a los pobres. Las opresiones terminan, el consuelo inunda los corazones angustiados, comienza una etapa de perdón, de salvación y alegría en el Señor.

MONICION SEGUNDA LECTURA

Escribiendo a sus colaboradores en Tesalónica y también a nosotros, el Apóstol Pablo nos anima a la alegría, a la oración y a la acción de gracias. Nos exhorta también a ser irreprochables en todo momento hasta la última venida del Señor.

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante:
Con espíritu agradecido y con sencillez de corazón, oremos a Dios que nos anuncia la paz, y nos da la esperanza. Digamos unidos a toda la Iglesia:
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por la Iglesia para que el Señor con su visita le conceda la unidad y libertad y la gobierne con su asistencia. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por nuestras familias para que crezcan en paciencia, comprensión, diálogo y amor. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por los difuntos, especialmente los de nuestra familia y comunidad para que Dios los reciba en su reino de Luz y de Paz. Roguemos al Señor
Escucha, Señor, nuestra oración.

Por todos nosotros los que participamos de esta Eucaristía, para que nuestra vida sea un gran testimonio de la presencia de Cristo entre nosotros. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.

Para que todos los hombres reconozcamos, en Jesús, al Mesías que nos trae la paz, y allanemos sus caminos en los corazones másendurecidos, con nuestra oración constante y con nuestra entrega generosa. Roguemos al Señor
Escucha, Señor, nuestra oración.

Celebrante:
Bendito seas, Padre, porque constituiste a Cristo resucitado como Señor y Rey de la creación, como juez de vivos y muertos. Reina en los corazones, restaura en ellos tu imagen, y devuélvenos la alegría de vivir en gracia trabajando por ser todos un solo rebaño guiado por Jesucristo, como único Pastor. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

 

Lecturas – Cuarto Domingo de Adviento – Ciclo B

Primera Lectura
Lectura del segundo libro de Samuel (7, 1-5. 8-12. 14. 16)

Tan pronto como el rey David se instaló en su palacio y el Señor le concedió descansar de todos los enemigos que lo rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: “¿Te has dado cuenta de que yo vivo en una mansión de cedro, mientras el arca de Dios sigue alojada en una tienda de campaña?” Natán le respondió: “Anda y haz todo lo que te dicte el corazón, porque el Señor está contigo”.
Aquella misma noche habló el Señor a Natán y le dijo: “Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: ‘¿Piensas que vas a ser tú el que me construya una casa para que yo habite en ella? Yo te saqué de los apriscos y de andar tras las ovejas, para que fueras el jefe de mi pueblo, Israel. Yo estaré contigo en todo lo que emprendas, acabaré con tus enemigos y te haré tan famoso como los hombres más famosos de la tierra.
Le asignaré un lugar a mi pueblo, Israel; lo plantaré allí para que habite en su propia tierra. Vivirá tranquilo y sus enemigos ya no lo oprimirán más, como lo han venido haciendo desde los tiempos en que establecí jueces para gobernar a mi pueblo, Israel. Y a ti, David, te haré descansar de todos tus enemigos.
Además, yo, el Señor, te hago saber que te daré una dinastía; y cuando tus días se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente’ ”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 88

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor
y daré a conocer que su fidelidad es eterna,
pues el Señor ha dicho:
“Mi amor es para siempre y mi lealtad,
más firme que los cielos.


Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Un juramento hice a David, mi servidor,
una alianza pacté con mi elegido:
‘Consolidaré tu dinastía para siempre
y afianzaré tu trono eternamente’.


Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

El me podrá decir:
‘Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva’.
Yo jamás le retiraré mi amor,
ni violaré el juramento que le hice”.


Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (16, 25-27)

Hermanos: A aquel que puede darles fuerzas para cumplir el Evangelio que yo he proclamado, predicando a Cristo, conforme a la revelación del misterio, mantenido en secreto durante siglos, y que ahora, en cumplimiento del designio eterno de Dios, ha quedado manifestado por las Sagradas Escrituras, para atraer a todas las naciones a la obediencia de la fe, al Dios único, infinitamente sabio, démosle gloria, por Jesucristo, para siempre. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Yo soy la esclava del Señor; que se cumpla en mí lo que me has dicho.
Aleluya

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (1, 26-38)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Lecturas – Tercer Domingo de Adviento – Ciclo B

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (61, 1-2. 10-11)

El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros y a pregonar el año de gracia del Señor.
Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios, porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de justicia, como el novio que se pone la corona, como la novia que se adorna con sus joyas.
Así como la tierra echa sus brotes y el jardín hace germinar lo sembrado en él, así el Señor hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Lucas 1

Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso los ojos
en la humildad de su esclava.


Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre y su misericordia llega,
de generación en generación, a los que lo temen.


Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia,
vino en ayuda de Israel, su siervo.


Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (5, 16-24)

Hermanos: Vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús. No impidan la acción del Espíritu Santo, ni desprecien el don de profecía; pero sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno. Absténganse de toda clase de mal. Que el Dios de la paz los santifique a ustedes en todo y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, se conserve irreprochable hasta la llegada de nuestro Señor Jesucristo. El que los ha llamado es fiel y cumplirá su promesa.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres.
Aleluya

Evangelio †
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (1, 6-8. 19-28)

Gloria a ti, Señor.

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.
Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?” El reconoció y no negó quién era. El afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” El les respondió: “No lo soy”. “¿Eres el profeta?” Respondió: “No”. Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”.
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: “Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”.
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.